inadvertido ni sin respuesta. La redacción para la exposición y defensa -
de un solo y trascendental sistema de organización politica de
dos obras diversas y aun contradictorias, El Principe y los Discursos, -
no parece obedecer a un unico y sistemâtico propósito de sostener -
tesis opuestas, ni siquiera al de sennalar, dentro siempre del
criterio pragmático y oportunista, propio del autor, reglas antagónicas -
para las Repûblicas y los Principados, sino más bien a justificar
entre el ideal y las realidades, desdoblamientos y separaciones que
esquematicamente quedan razonados en uno de los más jugosos capitulos -
del Principe. «Es tan grande —dice Maquiavelo, en el capitulo -
XV de esta obra— la diferencia que hay entre cómo vive uno y
cômo debe vivir, que el que prefiera lo que debe hacerse a lo que se
hace, camina a su ruina, antes que a su rehabilitación.»
Para comentaristas tales, son los Discursos, que nos muestran el
ideal a alcanzar, y no El Principe, que constituye mas bien una descripción -
de la vida y las prâcticas de su tiempo, la parte más importante -
de la labor de Maquiavelo. Y no hay duda de que ante ellos apareceria -
como incompleta y deficiente la exposición del senor Silió,
ya que al examen de El Principe, casi exclusivamente se contrae,
Reparo tal queda, en realidad, desvanecido con sólo invocar contra él
el hecho evidente de que redactados próximamente en la misma época
de la vida de su autor, El Principe —o el tratado De principatibus,
como Maquiavelo quiso que se llamase —y los Discursos sobre las
Décadas, no hay entre una y otra obra, por lo que hace referencia al
criterio y finalidades que las inspiran, diferencia alguna sustancial;
el mismo realismo lucido, el mismo relativismo oportunista, la misma
ausencia de ideal y de sólidos principios morales, parecen inspirarlas.
De El Principe son las afirmaciones descarnadas respecto a la
conveniencia de que el que manda sea mas bien temido que amado, a
la necesidad de que sea, a la vez, zorro para conocer los lazos que se
le tiendan y león para espantar a los lobos; a la utilidad que puede reportarle -
el que no sea con exceso fiel a sus promesas, ni a sus palabras; -
al provecho que alcanzará, cuando no posea virtudes, si aparenta -
de modo perfecto poseerlas... Pero de los Discursos son aseveraciones -
anâlogas respecto a que los hombres no son, como los sentimientos -
y las instituciones, ni enteramente malos ni enteramente
buenos; a que la ingratitud, vicio en que los pueblos y los Principes
recaen por avaricia, por temor o por miedo, no siempre constituye
un mal; juicios histoóricos despectivos, como los que formula respecto
a Piero Soderini, frente a los Médicis en Florencia; y a Baglioni, fren¬-.. -
—.
Max-Planck-Institut für
nia de Ciencias Morales y Politicas
europäische Rechtsgeschichte