Full text: Campo, Leopoldo del: Tésis

tigio que rodeaba al que debia derribar su edificio de tantos siglos, 
pisotear sus estátuas del Capitolio, imágen de los vicios deificados. 
Asombrada despertó Roma al ver la nueva religion reclutar millares de 
adictos por dia; ver sus apóstoles seguidos por la muchedumbre doquiera 
que marchaban; virvir con ellos en una vida austera; no solo respetai 
la propiedad sino despreciarla por consejo de sus maestros ; y lo que es 
mas, predicar una doctrina estrana entre los paganos, la de la fraternidad 
universal y la igualdad de los hombres ante Dios. 
Esta nueva religion pudo haberse establecido sin llamar la atencion del 
poder si como las demas del paganismo, hubiera sido tan solo una escuela 
filosófica, porque, como dice un escritor frances, en el Capitolio nunca fal¬ 
taba un pedestal vacio para las divinidades de fresca data. 
Pero no se trataba ahora de una nueva forma de la religion comun, 
ni de una escuela filosófica: el nuevo dogma pareció hecho exprofeso para 
los ignorantes y los simples, lo que indudablemente causó grande es¬ 
candalo entre los filósofos romanos y griegos que veian su ciencia des¬ 
preciada. Los cristianos no solo proclamaban un nuevo Dios, sino que 
anunciaban la caida de todos los del paganismo, lo que en la antigüe¬ 
dad era considerado como un atentado contra la majestad del pueblo 
Los Romanos tolerantes por costumbre se vieron por primera vez en 
presensia de la intolerancia religiosa. 
Cuando los emperadores, fijaron su atencion sobre la nueva religion 
estaban muy lejos de comprender el principio de la intolerancia. El pa¬ 
ganismo que no era para las inteligencias cultas sino un simbolismo 
absurdo, y del cual como lo dice Ciceron, hasta las viejas se reian, se hizo 
al ultimo muy comprensivo. Todo admitia y nada escluia. Bajo el domi¬ 
nio de tales doctrinas, los romanos no exigian à los cristianos renunciar 
à su Dios, pero si, los compelian à sacrificar à los dioses del imperio, à 
lo que ellos respondian que no reconocian sino un solo Dios, que los 
demas eran idolos ridiculos. Esto bastó para que los pontifices paganos 
los calificaran de ateos, y los politicos de rebeldes, porque entre los 
dioses se encontraba el emperador. Un golpe de despotismo fué nece¬ 
sario para obligar à los sectarios de la nueva religion à sacrificar en el 
altar del emperador-dios, y someterlos á ser interrogados por los preto¬ 
res y procónsules. 
Comparecieron los cristianos al llamado de las autoridades, y ante 
ellas proclamaron bien alto su doctrina. Rehusaron quemarle incienzo 
al emperador, porque tal hecho para un cristiano importaba la apos¬ 
tasia 
Al principio casi en todas partes se recurrió à la persuasion y à los 
medios de dulzura para apartarlos del error: mas convencidos de la inu¬ 
tilidad de tales medios, recurrieron à las amenazas, y los verdugos mos 
traron sus instrumentos. Nada bastó sin embargo, à intimidar á los lla¬ 
mados rebeldes, y la sangre corrió. 
Desde este momento de la historia la intolerancia religiosa y la into 
lerancia civil estan en lucha ; pero la justicia está de parte de la primera. 
NHIDE 
Max-Planck-Institut für 
TUTO DE INVESTIC 
GONES 
ISTORIA DEL DERE( 
iische Rechtsgeschichte 
europä
	        
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