Full text: Campo, Leopoldo del: Tésis

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Largamente podriamos escribir si quisiéramos seguir paso à paso à la 
intolerancia civil en su largo camino de errores; pero los limites en este 
trabajo no nos permiten sino consignar brevemente aquellos hechos que 
mas hieren nuestro recuerdo. 
Estamos en el siglo XII. La escuela de Paris era la primera en el 
mundo y Pedro Abelardo daba en esta escuela sus lecciones. El atrevi¬ 
miento con que aplicaba la filosofia à la teologia, y aun mas el estraordinario 
éxito que coronaba sus esfuerzos, le creó muchos enemigos; un tratado 
de la Trinidad que acababa de componer fué acusado de herético, y el 
concilio de Soissons le condenó en 1122. Se retiró à San Gildas, donde 
se encontraba cuando fué acusado por segunda vez de herejia, y condenado 
por el concilio de Sens, donde tuvo por adversario al gran San Bernardo, 
el que en una de sus cartas al Papa Inocencio II le decia, hablándole de 
Abelardo. « Es menester cerrar esa boca à palos ; » apesar de habei 
declarado Abelardo ser ortodoxo, la intolerancia le contestó: « que es 
menester no discutir sus libros ; que basta con leerlos »! 
A principios del siglo xII, el Papa Inocencio III llama à Felipe Augusto 
en defensa de la glesia y le hace predicar una cruzada contra los albi¬ 
genses, en el mediodia de la Francia. El duque de Borgona, el conde de 
Saint-Paul, Obispos, Arzobispos y una multitud de abades del Norte con 
sus vasallos, invadieron el condado de Tolosa. El sitio de Beziers fué la 
primera hazana de esta armada, à la cual prometió el Papa la plata y la 
tierra de los vencidos. Habia en Beziers herejes y catélicos, y cuando los 
soldados preguntaron à Arnaul Almarie, uno de los legados del Papa, 
como distinguirian los buenos de los malos, les respondió : « Matad, 
matad: Dios conocerá los suyos. » De Vaulx-Cernay, historiador y 
apologista de esta cruzada, dice que: « inmediatamente que entraron 
degollaron à casi todos, desde el mas grande hasta el mas chico. 
En la iglesia de Santa Magdalena fueron muertos siete mil el dia de la 
toma de Beziers; » y segun el cronista Alberte de Trois Fontaines, hubieron 
sesenta mil degollados. 
Pero los albigenses no eran menos feroces que sus enemigos : triste 
é inevitable efecto de las guerras civiles. Gerardo de Pépieux y sus 
soldados quisieron obligar à un sacerdote y seis caballeros à abjurar la 
fé catélica. Los tormentos mas crueles no bastaron à hacerlos apostatar. 
Entonces Gerardo les sacé los ojos con sus propios dedos, les corto las 
orejas, la nariz, el lábio superior, y los remitió desnudos al campamente 
de los cruzados, en una noche frigidisima, muriendo uno de ellos en un 
cenagal. Las represalias no se hicieron esperar. El conde de Montfort 
çon su gente toma en tres dias el castillo de Brous. Arranca los ojos 
à mas de cien hombres que lo guarnecian, les corta la nariz y à uno de 
ellos le dejan un ojo para que, para mayor oprobio de sus enemigos, los 
condugera à los demas à Cabaret. Sobre las ruinas humeantes de las 
ciudades y fortalezas, à la luz de las hogueras y apoyada en el poder de 
Simon de Montfort, nace la Inquisicion, ese bárbaro tribunal, sobre el 
cual nunça pesarà bastante el anatema terrible de la historia. 
Guerras civiles, autos de fé, verdugos, espias, hé ahi las primeras 
palabras que saltan à mi mente al contar à grandes rasgos el martirologio 
del pensamiento. No haré la historia de la Inquisicion, que es bien 
conocida, ni tampoco haré de ella un argumento contra ninguna religion, 
porque es necesario distinguir la organizacion espiritual que persiste al 
INHIDE 
Max-Planck-Institut für 
TTUTO DE INVESIIG 
ONES 
DE HISTORIA DEL DEREC 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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