Full text: Alonso Martínez, Manuel: Nocion del estado

FILOSOFIA DEL DERECHO. 
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en una asociacion un poder que no tenga cierta iniciativa, cierta 
direccion de los negocios sociales? Construir la familia con suje¬ 
cion à las leyes de la naturaleza y de la moral, organizar la pro¬ 
piedad, establecer los medios de adquirirla, conservarla y tras¬ 
mitirla, definir los delitos, organizar el municipio y el Estado 
mismo, determinar las condiciones de la nacionalidad y las rela¬ 
ciones del hombre, del vecino, del transeunte, del ciudadano, del 
extranjero, asi como las del municipio con la provincia y las de 
tumbres ; pero asustado de su propia afirmacion se pregunta si el jugar y el alentar à 
la corrupcion puede convertirse en un oficio, y se inclina à la negativa, legitimando en 
este caso la intervencion del Estado, aunque su perplejidad es grande, por parecerle 
contradictorio que se castigue al que tiene casa de juego y se deje impune al jugador. 
Igual perplejidad se advierte en Mill, en cuanto à la venta de las bebidas espirituo¬ 
sas: establece, sin embargo, el principio de que el interes que tienen los expendedores 
en favorecer la intemperancia es un mal real, que justifica al Estado cuando impone 
restricciones y exige garantias para la venta. En su virtud, no sélo le parece legitimo 
un impuesto especial y fuerte sobre las bebidas espirituosas, sino tambien el estable¬ 
cimiento de restricciones tales y tan graves como la necesidad de obtener para la ven¬ 
ta un permiso de la autoridad püblica, la de que ésta no le otorgue sino à los que ten¬ 
gan respetabilidad y ofrezcan garantias, y la reglamentacion de las horas en que debe 
aprirsey cerrarse el despacho, para que sea eficaz la vigilancia del Poder, etc. 
Tiene por evidente el derecho y aun el deber del Estado, de exigir à todos los ciuda¬ 
danos, y lo que es mas, de imponerles una cierta educacion. En cuanto al matrimonio. 
dice textualmente: : las leyes que en un gran nûmero de pueblos del continente pro¬ 
hiben el matrimonio, à ménos que las partes no prueben que pueden mantener una fa¬ 
milla, no ex ceden el poder legitimo del Estado; estas leyes, sean utiles 6 no, lo cual de¬ 
pende principalmente de las circunstancias y de los sentimientos locales, no constitu¬ 
Jen una violacion de la libertad.» 
Basta de citas. Las hechas hasta aqui demuestran que Mill no es un individualista 
que pueda asustarà nadie. Por mi parte, declaro que en muchas cosas no voy tan allä 
como el. ; Cômo he de aceptar yo la idea de que en la doctrina del libre cambio no esta 
interesado el principio de la libertad individual? ; Cômo he de autorizar, en nombre 
de una utilidad engafiosa, y para impedir la baja de los jornales por efecto de la con¬ 
currencia, el secuestro de la libertad del hombre y la mujer, que atraidos por el amor. 
quieren unirse en santo matrimonio, por mâs que, avara la fortuna, les haya negado 
sus tesoros? 
De todas suertes, las excepciones y aplicaciones de Mill no se deducen logicamente 
de la naturaleza de su principio, sino que las mås veces le contradicen. Verdad es que 
er mismo las funda en razones de mera equidad 6 conveniencia. Mill es un gran casuis 
ta, y si, como muchos de sus apasionados discipulos suponen, hubiera querido escri¬ 
vir un libro sistemético y rigorosamente cientifico, seria preciso convonir en que en 
er las sugestiones del sentido practico inglés se habrian sobrepuesto al espiritu de sis¬ 
tema y à las exigencias de la logica. 
Max-Planck-Institut für 
leal Academia de Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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