Full text: León y Castillo, Fernando de: Tesis: Irresponsabilidad del poder real y responsabilidad de los ministros en los países de representación falseada

DISCURSO 
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Todo aquello pasó. Hasta su recuerdo comienza à amorti¬ 
guarse en nuestra memoria. -El orador y el auditorio, decia 
Lacordaire, son dos hermanos que nacen y mueren en el mis 
mo dia. He aqui la suerte del orador. Ese hombre que ha en¬ 
loquecido á las muchedumbres, desaparece con ellas en un 
mismo silencio. En vano la posteridad hace un esfuerzo para 
oir su voz y la del pueblo que le aplaudia; la una y la otra 
van extinguiéndose en el tiempo, como el sonido se extingue 
en el espacio.» 
La vida püblica de González Brabo, entregada desde hace 
medio siglo á las disputas de los hombres, sin que yo diga 
que debe ser imitada porque hay en ella grandes errores, me¬ 
rece ser estudiada, porque ofrece grandes ensenanzas. 
Poços hombres publicos han sido tan odiados por la opi¬ 
nión como González Brabo en los ultimos anos de su vida. Y, 
sin embargo, él no odió à nadie, porque era una buena natu¬ 
raleza. Su familia, sus amigos, cuantos á su lado estaban, 
adorábanlo por la seducción de su trato, por la benevolencia 
de su carácter, por la generosidad de su corazón. Quizä so¬ 
bre ningun hombre politico, desde hace sesenta anos, se han 
formulado en Espana juicios tan temerarios, ni se ha cebado 
con tanta sana la calumnia; y, sin embargo, aquel hombre de 
cuya inmoralidad poeos dudaban, cuya falta de probidad era 
articulo de fe para el vulgo; aquel hombre, digo, habiendo 
llegado á la politica con una fortuna considerable, murió po¬ 
bre, tan pobre como Mendizábal, como tantos otros on cuya 
honra hizo presa la maledicencia. Aquel hombre, que habia 
vivido entre el estruendo de los combates parlamentarios, 
rodeado y seguido siempre de numerosa hueste, murió casi 
solo en extranjera tierra, y poco menos que de limosna fué 
enterrado. Un orador insigne, deudo y correligionario suyo, 
que presidia el duelo, en vez del elogio fûnebre que de él se 
esperaba, y à que, en cierto modo, tenian derecho la memo¬ 
ria de aquel gran combatiente vencido y el espectâculo de 
aquel gran infortunio, creyó más elocuente el silencio, mâs 
cristiana la oración, y arrodillándose junto å la removida 
Max-Planck-Institut für 
Real Academia de Ciencias Morales y Politicas 
uropäische Rechtsgeschie
	        
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