Full text: Pons y Umbert, Adolfo: Tesis: La crisis del régimen parlamentario (concepto del legislador)

DEL SR. D. ADOLFO PONS Y UMBERT 
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entonces no entibiaron, no atenuaron nuestras ideas respec¬ 
to del asunto. Nos ratificamos en ellas ahora. — Si se produ¬ 
ce desequilibrio entre la sociedad y el Estado, la revolución 
hablarå, y prevalecerá su palabra. Si se produce entre el Par¬ 
lamento y los gobernantes, el Jofe del Estado — Monarça o 
Presidente de Repüblica —, con el veto, con la destitución 
pesando en su verdadero valor la realidad y las circunstancias, irreflexio 
nes y ligerezas en que pudiera incurrir la Cámara popular; que represen 
ta las altas clases del Estado... Paróceme que un tanto se coufunde, al de 
fender esto, la misión parlamentaria con la misión armónica del Jefe de 
Estado, en quien, por medio de su Gobierno responsable, ha de resplande 
cer el instinto o sentimiento de oportunidad conveniente para discernir 
lo que pueda o no aceptarse de cuanto la voluntad del representante del 
pais intentara. En ultimo caso, no seria otro el conflicto que resolver de 
parte de quién estuviese o no la razón: del Gobierno o de la Cámara; lo 
cual no compete, no es admisible que de ningûn modo competa, a otro 
Cuerpo legislador, al Senado, sino propia y exclusivamente a la person 
que ejerciese la primera Magistratura. Y si no es asi, y puesto que la ini¬ 
ciativa de las loyes corresponde por igual a cada uno de ambos Cuerpos 
équé se harâ cuando la Cámara popular desechare un proyecto de ley 
emanado de la iniciativa de la Cåmara Alta? Habrå que disolver siem- 
pre la primera? Suponer, asimismo, que en el Senado reside y se vincula. 
con la experiencia que da la mucha edad, y también, por lo visto, el per¬ 
tenecer a determinadas clases sociales, un imparcial, sereno y razonado 
juicio, ante cuyas revelaciones stienen la misión de detenerse», nada me¬ 
nos, los Gobiernos que sean con sinceridad liberales, creo yo que implica 
un excesivo apego a la existencia de dicha Cåmara y una indudable ob- 
cecación. Porque, concretándonos singularmente a nuestro pais, cabe 
negar que los mâs graves conflictos parlamentarios han surgido precisa 
mente en el Senado? Ni gdónde están esas enormes diferencias de edad 
entre los Senadores y los Diputados, para decir con fundamento que es 
patrimonio de los unos la experiencia, y de los otros la ligereza y el entu¬ 
siasmo juvenil? Ni gqué intereses y clases no tienen en verdad represen- 
tación en nuestro Senado que no la ostenten a la vez, y aun más cumpli 
da, en nuestro Congreso? Qué catedrático, qué profesor in vestido con los 
poderes de la masa electoral, no defenderá como Diputado los intereses de 
la ensenanza? (Qué militar no defenderâ los intereses del ejército? Qué 
magistrado los intereses de la justicia? Treinta y cinco anos de edad sig 
nifican, segun el articulo 26 de la Constitución vigente, la experiencia 
bastante para poder con justo titulo aspirar a Senador del Reino. Veinti- 
cinco anos, la necesaria para poder aspirar con titulo justo a Diputado a 
Cortes, segûn... la vigente loy Electoral. Demuéstrese que esa diferencia 
de diez anos separa la juventud de la vejez, el aturdimiento de la mesura 
y templanza, y me consideraré vencido; bien que entonces todo quedaria 
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