Full text: Altamira y Crevea, Rafael: Tesis: Problemas urgentes de la primera enseñanza en España

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DISCURSO 
ción que lleva al sacrificio de lo personal, al abandono de los 
provechos materiales, es heroismo que no se puede pedir 
sino à muy pocos, y sobre el que no cabe fundar nada esta¬ 
ble, mucho menos cuando se opera sobre miles de hombres, 
no sobre un grupo reducido (1). 
No, sennores: hay que pagar bien á los maestros para que 
acudan á la profesión hombres que en ella valdrian y que de 
ella se apartan porque no le ven porvenir económico, y que 
çon su concurrencia eliminarian á los que sólo entran por 
que no hay mejores que les disputen el puesto. Y se les debe 
pagar bien, además, porque ni el Estado ni nadie tiene dere¬ 
cho á exigir que se entreguen las mejores fuerzas de la vida. 
los mejores arrestos de la inteligencia, á una función que no 
da de comer, ó no permite formar familia, ó resta la satis 
facción de necesidades imperiosas, cuya falta supone un sa¬ 
crificio. Cuando un hombre á quien se le exige el cumpli¬ 
miento de su deber puede contestar que si no lo cumple es 
porque las exigencias de la vida le obligan à emplear una 
gran parte de su tiempoy de sus fuerzas en la busca de medios 
económicos que la profesión no le da, se carece de valor 
para ser riguroso con él y exigirle que cumpla à costa de 
vivir miserablemente él y los suyos. La misma severidad im 
placable que hace falta para que los desaprensivos (que en 
todas las profesiones los hay) no eludan sus deberes, escu 
dåndose en argumentos como el que acabo de formular, 
pide que desaparezca hasta la posibilidad de esgrimirlos. 
(1) El exceso de defensa suele ser perjudicial à las mejores causas. 
Digo esto porque alguien ha querido probar-suponiendo con ello favo 
recer à los maestros—que el sueldo de 1.000 pesetas, en vez de beneficiar, 
perjudica à los que vienen cobrando 500 y 625 (en algunos casos, todavia 
menos), porque esta alegación no puede servir sino de arma para los ene 
migos de la reforma, quienes bien podrian deducir de ella que las tradi- 
cionales quejas de los maestros que cobran aparentemente 500 y 625 pe- 
setas, no son justas, puesto que al hallar perjuicio en venir à cobrar 1.000 
pesetas, implicitamente afirman que las Escuelas de aquellos sueldos dan 
en rigor mucho mås de las referidas 1.000 pesetas. Afortunadamente, no 
es ésta la opinión ni el argumento de la mayoria de los maestros publicos. 
Max-Planck-Institut für 
Real Academia de Ciencias Morales y Politicas 
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