Full text: Perier Gallego, Carlos María: Tésis: La armonía en la civilización es el gran problema que este siglo crítico, gigante en lo material, pero incierto en lo filosófico y flaco en lo moral, lega al siglo siguiente

Max-Planck-Institut für 
europäische Rechtsgeschichte 
102. 
DISCURSO 
giosa. No parece sino que, al expresarse de tal manera, 
tömanse los dioses reaparecidos en la mente de los eru¬ 
ditos, como resucitados en la fé de las gentes. :Error tan 
grande, cuanto lo seria el de suponer que, si se exhuman 
estatuas al escarbar en ruinas, la mano que las descubre 
estä movida por el mismo sentimiento que la mano que 
las esculpiera! Y decir que la filosofia de la religión es 
ciencia peculiar de nuestro siglo, como la filosofia de la 
historia, parece no menos peregrino empeno. ;Qué no di¬ 
rian, si hoy viviesen, tantos egregios escritores desde 
Tertuliano y Origenes, San Jerónimo y San Ambrosio, 
Lactancio, San Agustin, San Isidoro, Alberto Magno y 
Santo Tomás, Raimundo Lull, Luis Vives y Arias Monta- 
no, hasta Bosuet, que tanta filosofia de la religión y de la 
historia encerró en su discurso egregio sobre la historia 
universal? Y cuenta que en los siglos, á que pertenecen 
tales escritores, la apologia y la polémica tocaban la cues¬ 
tión religiosa, asi en cuanto á su concepto filosófico, esen¬ 
cial y abstracto, como en lo concerniente al histórico y 
positivo, dando à la verdadera y las falsas religiones aten¬ 
ta y profunda consideración. 
Y con no grande rigor de lógica nómbrasele al par si¬ 
glo de la separación entre la conciencia y el Estado, ó de 
la libertad religiosa, y se dice que esta libertad ha acre¬ 
centado la persona humana, porque ha acrecentado la 
conciencia, siendo lo más peregrino que tocante à la se¬ 
paración de la conciencia y el Estado, se prescinda tan 
à lo Ilano de que es obra aneja y exclusiva de la religión 
católica, turbada luego por la protesta. Harto sabidas son 
aquellas palabras del Evangelio: «Redite que sunt Cœ¬ 
saris Cœsari et quæ sunt Dei Deo,» y las que, apoyado 
en éstas, dirigió el gran Osio en el siglo fy al emperador 
Constantino en la célebre carta que nos ha trasmitido San 
Athanasio: «Tibi Deus imperium credidit; nobis œcle¬ 
siastica commissit.» Y nadie ignora tampoco que Guizot, 
sy Politicas
	        
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