Full text: Eijo Garay, Leopoldo: ¬La persona juridica

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nisterio pastoral; la politica, esa importantisima arte de gobernar y dar 
leyes y reglamentos para mantener la tranquilidad y seguridad publicas 
y conservar el orden y las buenas costumbres, sólo en teoria la cultiva. 
sin mezclarse para nada en sus prâcticas. 
Desde la câtedra episcopal se atalayan el Estado y las corrientes de 
las diversas y opuestas doctrinas politicas, y se contrastan sus efectos 
en la moral prâctica de los pueblos, se observan las tendencias que en¬ 
gendran hacia el bien o hacia el mal en los individuos, y las ventajas o 
perjuicios que acarrean a la Nación. Da esto una visión de la politica 
mas independiente de la que en cada época está en boga, más trascen¬ 
dental, y las consecuencias que de su estudio se deducen son tanto más 
utiles cuanto mas se hayan advertido sus efectos en la moral práctica 
y en el bienestar de los pueblos. 
Las corrientes de doctrina politica se suceden unas a otras, obede¬ 
ciendo a las reacciones del espiritu pûblico ante los fracasos y los des¬ 
enganios, con mayor o menor influjo de los caudillos que las representan 
no siempre hay originalidad; muchas veces se vuelve la vista atrás y se 
busca el remedio en alguna doctrina antes rechazada; a veces una utopia, 
antano en boga, vuelve a alucinar y seducir; y siempre anhelando por 
un publico bienestar, que pocas veces se logra, los espiritus y las pasio¬ 
nes se agitan, los ànimos se dividen, se empennan las discusiones, y las 
ideas encontradas, o labran en las inteligencias un nuevo ideal politico, 
o caen en el olvido y ceden el puesto a otras doctrinas. 
El resorte impulsor de esas corrientes es un afán de cambio y de 
mejoramiento, al que suele llamarse espiritu de progreso, que si bien 
mérèce todos nuestros respetos, porque a él debe la humanidad su evo¬ 
lucion perfectiva, también debe inspirarnos algûn recelo, porque no ha 
causado pocos quebrantos. Cuando es razonable, esa inquietud espiri¬ 
tual es noble y utilisima; pero si por el contrario obedece a espiritu de 
inconstancia, superficialidad o rebeldia, es funesta. Si reflexionamos 
sobre ella, veremos que es hija de la condición humana: de nuestra natu¬ 
ral imperfección, que en ningûn estado y ser de la vida nos permite 
sosiego, reposo y estabilidad, porque en todos ellos nos falta la plena 
posesion del bien deseado ; y de nuestra perfectibilidad, que es el camino 
abierto de nuestro mejoramiento, por el cual nos propulsan la ciencia 
y la moral, y al que el cristianismo senala como meta y propone como 
modelo, nunca enteramente asequible y por tanto siempre acuciador, 
siempre generador de más altas aspiraciones, la misma perfección in¬ 
finita: "sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es per¬ 
fecto. 
Max-Planck-Institut für 
Real Academia de Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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