Full text: Maeztu, Ramiro de: ¬El arte y la moral

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rárquica, de libertad y de propiedad son, desde hace ya bas¬ 
tantes anos, dentro y fuera de Espana, incesantemente ata¬ 
cados mediante una propaganda, tanto más eficaz cuanto 
más halaga las pasiones, cuanto más ofrece como posible 
lo quimérico, cuanto más y mejor adapta su tono mental 
al bajo diapasón de las inteligencias incultas o a la cultura 
a medias, superficial y engreida, de gran parte de la me¬ 
socracia. 
Hasta qué punto, en algunos paises, esa propaganda ha 
sido omnipotente y han estado huérfanos de amparo y de¬ 
fensa los principios básicos del orden social que sólo gra¬ 
dualmente, respetando la acción del tiempo, pueden en jus¬ 
ticia reformarse, lo demuestran numerosos hechos, entre 
otros, la notoria infiltración de las ideas más subversivas en 
los centros de cultura, en clases sociales lógicamente inte¬ 
resadas en mantener aquellos principios y hasta en las re¬ 
dacciones de órganos Ilamados, por su significación, a de 
fenderlos. 
Asi ha sido posible algo inverosimil, elocuentemente sin¬ 
tomático. La clase escolar, en su casi totalidad, se halla en 
la edad de la adolescencia, en la cual ni el organismo fisico 
ni el mental han llegado a su madurez. Es la edad de la ve¬ 
hemencia, de la impresionabilidad, de las ilusiones genero¬ 
sas, de la fácil sugestión y del juicio inmaturo y tornadizo. 
Por eso los Códigos y los Reglamentos de las profesiones fi¬ 
jan la condición de edad. A nadie, desde que existen sobre 
la tierra sociedades humanas, pudo ocurrirsele que el ado¬ 
lescente estuviera llamado a intervenir en la politica, en la fi¬ 
jación y aplicación de las formas de gobierno. Es esto algo evi¬ 
dentemente incompatible con el buen sentido. Pues bien; bastó 
que un escritor eximio, artista consumado de la palabra y 
del concepto, con propósitos que no importan a mi razo¬ 
namiento, proclamara el principio de que los escolares de¬ 
ben ser un elemento en la politica militante, para que esto 
pasara a ser una verdad encarnada en los hechos. Un Con¬ 
greso de Estudiantes Hispanoamericanos acordó que la cla- 
se escolar tenia «el derecho y el deber» de intervenir en la 
politica. El absurdo se convirtió en realidad. Pero no se al¬ 
teran impunemente las leyes de la vida social. Ya se en¬ 
cargará esa misma realidad de demostrarlo. 
Max-Planck-Institut für 
Real Academia de Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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