Full text: García Morente, Manuel: Ensayos sobre el progreso

bien un aparato de traslación. Cenido al cuerpo el 
entramado metálico de las ruedas, somos nosotros 
mismos los que, en el automóvil, vamos por el mun¬ 
do. En cambio, el tren nos Ileva con nuestra casa, 
de un barrio a otro de la ciudad universal. El auto¬ 
móvil restablece el contacto del hombre con la tierra; 
después del tren, es como un acto de contricción. 
Pero el afán de velocidad mata todas estas exce¬ 
lencias, olvidando que la rapidez no es más que un 
medio y nunca un fin en si. Tan pronto como dispu- 
simos del motor de petróleo, inventamos el aeropla¬ 
no. Mas el aeroplano no tiene otro sentido ni otra 
justificación que la prisa . Ahora bien, la prisa mis¬ 
ma, jqué sentido tiene, qué justificación? Ya lo he¬ 
mos dicho. La prisa se justifica por el mayor tiempo 
que deja disponible para las ocupaciones valiosas y 
gratas. Pero la embriaguez de la velocidad, al sub¬ 
vertir el juicio estimativo, hace aparecer como ingra¬ 
tas y sin valor la mayor parte de las ocupaciones y, 
en cambio, concede valor propio a la prisa en si. La 
consecuencia de ello es que la prisa se hace todavia 
mås apresurada, porque ahora son muchas mås las 
cosas sin valor que tenemos que hacer y, por tanto, 
que deseamos despachar pronto. La prisa engendra 
más prisa; y en esta exaltación de la velocidad no se 
ve que haya, en principio, término alguno. La pri- 
sa, que entra en nuestra vida como un medio para 
reducir el volumen de los actos ingratos y sin va- 
lor, acaba por apoderarse de la vida entera y la 
El aeroplano empequennece el mundo, el microscopio lo agranda (Ches¬ 
terton). 
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Max-Planck-Institut für 
Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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