Full text: Bermúdez de Castro O'Lawlor, Salvador: ¬El gobernante

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ce entender que se puede aprender a mandar.» Y el 
stagirita continua: «Hay que convenir en dos 
cosas: desde luego, que el ser que obedece y el 
que manda no deben aprender ambos las mis¬ 
mas cosas); lo cual no le estorba para advertir 
que lo primero en todos los ciudadanos es el en¬ 
senarse a obedecer, tanto para ser magistrado 
como para mandar el ejército—dla caballeria»¬ 
siendo la obediencia la primera escuela del man¬ 
do, pero esto no impide tampoco el reconocer que 
el mérito de la autoridad y el de la sumisión son 
muy diferentes. Y al querer especializar la vir- 
tud primera del mando, no vacila en proclamar 
como tal la Prudencia. 
En Jenofonte y Polibio, mentes esclarecidas, 
hombres de vasta experiencia, maestro el ültimo 
del gran Escipión, como Aristóteles lo fué de 
Alejandro, hallariamos iguales ensenanzas. Y en 
el curso de la historia de la Cencia Politica, la 
misma tesis de la superioridad del que manda 
por virtudes y conocimiento, es decir, por prepa¬ 
ración adecuada mediante educación en un medio 
propicio, aparece constantemente. Por esto, con 
razón observaba Sismondi, todos los legisladores, 
filósofos e historiadores, griegos, romanos y mo¬ 
dernos, Licurgo y Solon, Jenofonte y Tucidides, 
Platón y Aristóteles, Tito Livio y Tácito, Ma¬ 
quiavelo y Calvino, Spinoza, Montesquieu y tan¬ 
Max-Planck-Institut für 
as Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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