Full text: Goicoechea Cosculluela, Antonio: ¬El problema de las limitaciones de la soberanía en el derecho público contemporáneo

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mente en Alemania en 1865, la doctrina del Estado-sujeto 
definiéndolo como «el poder de querer de un organismo 
moral considerado como una persona». Convertidos en 
portavoz de la reacción en gran parte justificada contra los 
excesos de la teoria orgánica de las sociedades (1o9), muchos 
afirman categóricamente su hostilidad a toda construcción ju¬ 
ridica del Estado, basada sobre la teoria del Estado-persona. 
La teoria del Estado-persona — se dice — tiene un vicio irre¬ 
misible: descansa sobre una concepción metafisica a priori: es 
una construcción que se apoya sobre los viejos conceptos esco¬ 
lásticos, ya sin valor, de substancia y atributo; es, por tanto, 
extracientifica. La agrupación social es un hecho, pero, 
no podemos atribuir a esa agrupación una conciencia y una 
voluntad distintas de las conciencias y voluntades indivi¬ 
duales. En cambio, constituye un factor real innegable la 
distinción entre los fuertes y los débiles y la posesión por 
los primeros del papel de gobernantes. El poder de imponer 
(109) El error capital de la teoria orgánica al sacar la cuestión de la persona¬ 
lidad publica del terreno del derecho, ha sido abusar de las analogias y de las met⬠
foras, extremando un radicalismo biológico, en gran parte originado por una notoria 
incompetencia juridica. Comenzó Platón sennalando en su Repûblica la analogia en¬ 
tre las partes de una sociedad y el espiritu humano. Hobbes, a su vez, comparò a 
la sociedad con el cuerpo del hombre. Después, a partir de Spencer —aùn pudiera 
decirse también de Bluntschli—, la Sociologia ha llegado en los paralelismos entre 
el organismo politico y los fisicos a los extremos que Gumplovicz ha calificado de 
burlescos y monstruosos (V. Derecho politico filosófico, págs. 604 y siguientes), Ilamán¬ 
dolos verdadero movimiento elevado al extravio intelectual y efecto inmediato de la bo¬ 
rrachera producida por las ideas cientifico-naturalistas en el cerebro de politicos y ju¬ 
ristas. En honor de la verdad, los juriconsultos han sido, en general, extranos a ese 
movimiento. Pablo Lilienfeld fué más lejos que Spencer, pues en sus Pensamientos 
sobre la ciencia social del porvenir (187 ) y en su Patologia social (1896) consideró, la 
sociedad como un organismo concréto, con dos elementos, el sistema nervioso y la 
substancia inter celular... Incorporada la doctrina a las soluciones colectivistas, co¬ 
mo tal la defendió Guillermo de Greef, (Les lois sociologiques, Paris, 1896, págs. 155 y 
siguientes). La obra de Novicow, Conciencia y voluntad sociales, trad. esp., en espe¬ 
cial los capitulos El sensorio social, Proporción numérica de la crema y El instrumental 
intelectual, marca el apogeo de tales extravagancias. En Alfredo Fouillée (La ciencia 
social contemporánea), en Schäffle (Estructura y vida del cuerpo social), en René 
Worms (Organisme et société, Philosophie des sciences sociales), está muy moderada 
la intransigencia de las primeras conclusiones. Después del Congreso de Paris de 
1897 no se habla ya de organismo, sino más bien de superorganismo social. Puede 
verse también la impugnación de la doctrina en Leroy Beaulieu (L'Etat moderne e 
ses jonctions, pág. -7, y en Carófalo, La Superstición socialista, trad. esp., págs. 77y 
siguientes. 
Max-Planck-Institut für 
Real Academia de Ciencias Morales y Po 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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