Full text: Goicoechea Cosculluela, Antonio: ¬El problema de las limitaciones de la soberanía en el derecho público contemporáneo

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ción de 1791 nada parecido al régimen de gabinete; el poder 
legislativo y el ejecutivo se aislan el uno del otro; al Rey, si 
bien se le concede un veto suspensivo, se le niega el derecho 
de iniciativa y el de disolución del Parlamento; la función 
de Ministro y la de Diputado se hacen incompatibles; el po¬ 
der judicial se organiza sobre la base de la elección tempo¬ 
ral de los jueces por el pueblo... Todo el edificio constitucio¬ 
nal reposa sobre la idea fundamental de Montesquieu, tra¬ 
ducida por Lameth en la noche del 4 de abril de 1789 en estos 
términos expresivos: «Sin la separación de los poderes no 
hay más que despotismo (27).» 
Cosa semejante ocurrió en la Repûblica norteamericana. 
Los autores de la Constitución federal establecieron siguiendo 
à Montesquieu, el coráculo siempre consultado y citado sobre 
estä materia» (28), una separación de poderes que, çon ser 
analoga a la implantada por la Constituyente francesa, aun 
hubo de parecer insuficiente a muchos. Partiendo de la base. 
expuesta por Madison en El Federalista, de que «la acumula¬ 
ción de todos los poderes, legislativo, ejecutivo y judicial, 
en las mismas manos, sea de un solo hombre, sea de varios, 
por herencia, por conquista o por elección, puede justamente 
ser considerada como la verdadera definicion de la tirania (20), 
(27) 
Mâs logico Rousseau, expresa en el Contrato Social su oposición a toda 
idea de división en la forma siguiente: «Nuestros politicos, ante la imposibilidad de 
dividir la soberania en su esencia, la dividen en fuerza y voluntad; en poder legisla¬ 
tivo y poder ejecutivo; en derecho de imponer, de justicia y de guerra; en adminis¬ 
tracion interior y en facultad de contratar con el extranjero, separando y confun- 
diendo alternativamente todas estas partes y convirtiendo el cuerpo soberano en 
un ser fantâstico como si trataran de crear un hombre con partes tomadas de cuer- 
pos diferentes. Este juego de cubiletes a que se entregan huestros politicos desmem¬ 
brando el cuerpo social para unir después las diferentes partes con habilidad digna 
de expertos prestidigitadores se asemeja mucho a los ejercicios de los charlatanes 
japoneses que, segûn se cuenta, despedazan un nino a la vista del publico, arrojando 
al aire los palpitantes despojos, que al caer se unen, quedando la criatura entera y 
viva.» El Pacto Social, libro II, cap. II, pág. 4. Trad. esp. de A. Redondo. Madrid, 1884. 
(28) 
Le Fédéraliste, por A. Hamilton, F. Jay y J. Madison. Trad. franc. de 
G. Jéze, Paris, 1902, pág. 398, nûm. XLVII (Mádison). 
(29) Mádison, ob. cit., pág. 398. Mádison rectifica el error de Montesquieu res¬ 
pecto de la Constitución inglesa: «Un examen muy superficial de la Constitución 
britanica debe convencernos de que en ninguna forma separa ella enteramente los 
departamentos legislativo, ejecutivo y judicial.» Lo que Mádison defiende es una 
separación, no absoluta, si no atenuada. (V. págs. 399 y 408.) 
Max-Planck-Institut für 
nia de Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgesch 
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