Full text: Pérez Serrano, Nicolás: ¬El poder constituyente

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Klou y de la moderna Sociologia servirian para hacer luz en 
la cuestion. Lo que ocurre es que DUGUIT, siempre briosoy 
extremado en sus posiciones, quiso aprovechar ésta para ases¬ 
tar el golpe de gracia a la teoria del organo, por él cordial¬ 
mente aborrecida. Y para ello hizo la facil demostracion de 
que, aun cuando nos remontemos de una a otra Constitucion. 
acabaremos por llegar a una que sea la primera del pais. 
entonces veremos el vicio irremediable de la teoria del orga¬ 
no, ya que éste presupone una Constitucion que lo establezca. 
y aqui nos encerramos en un circulo vicioso. Lo que quiere 
decir, en la nomenclatura que hemos sugerido, que si bien 
cabe una explicacion juridica del Poder constituyente deriva¬ 
tivo, no es posible hallarla con respecto al originario. Pero 
esta traduccion que dejamos hecha sirve para desvanecer la 
objecion, porque en el fondo lo que pide DuGurr es la justi¬ 
ncacion juridica de lo que, como antes se ha dicho, no pasa 
de ser un mero hecho. Y el mismo llorado maestro de Bur¬ 
deos, tan realista por temperamento, habria de confesar que 
fueron vedlidades en su pais la actitud de la Camara de los 
Diputados en 1830 6 la de Napoleon III en 1852, y que de 
esos hechos, aun sin organo juridicamente establecido, nacie¬ 
ron situaciones constitucionales con amplia proyeccion en la 
vida de Francia. Aparte de que lo importante es la potestad 
de la Comunidad politica para auto-organizarse; lo secunda¬ 
rio es el organo de que en cada caso se valga para ello¬ 
Hay todavia otra paradoja, que verdaderamente nos sume 
en perplejidad. La Constitucion es Ley basica, que recoge lo 
fundamental y que suele preocuparse de garantizar su per¬ 
duracion en el tiempo. Y, ello no obstante, muchas Consti¬ 
tuciones mueren al cabo de unos anos, mientras que un Co¬ 
digo civil, por ejemplo, aun siendo Ley ordinaria, vive du¬ 
rante generaciones y generaciones. Francia conserva el Code 
cvoil de Napoleon, en tanto que sus Constituciones han veni¬ 
do sucediéndose desde entonces en serie fecunda, pero poco 
encaz. Graficamente dijo en alguna ocasion HEDEMANN (32) 
que "'una Biblia en la cual creemos no puede escribirse sino 
para miles de afios", y cosa similar, servata distautiq, podria 
(82 HEpRMaDN (. W): Einführung in die Rechtswissenschaft. 
24 edicion, Berlin y Leipzig, 1927, päg. 533. 
Max-Planck-Institut für 
Real Academia de Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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