Full text: Minguijón Adrián, Salvador: ¬Los intelectuales ante la ciencia y la sociedad

ello le proporciona un placer espiritual que muchas veces 
le hace olvidar los cuidados ordinarios de la vida y que 
el profano no suele comprender. Para el especialista hay 
en el objeto de sus estudios una miel oculta y no puede me¬ 
nos de sentir su superoiridad de connaisseur frente a la 
indiferencia del vulgo. A veces al pasar en el curso de una 
carrera, al asomarnos a una disciplina cientifica, sentimos 
el tirón que nos invita a detenernos, a sumergirnos en un 
estudio particular, y pensamos con cierta tristeza : Qué 
hermoso debe de ser saber esto bien ! La vida nos lanza a com¬ 
pletar nuestra formación con otras disciplinas que tampo¬ 
co podemos profundizar, hasta que nuestra vocación se 
fija. Pero también hay una vocación en la tarea de reunir 
las verdades dispersas para alcanzar, con una curiosidad 
siempre despierta, un mayor grado de comprensión y ejer¬ 
citar la soberania del entendimiento aguijoneado por la 
innata apetencia metafisica que es propia del hombre, y que 
enriquece el espiritu elevándolo a las cimas sintéticas y do¬ 
minadoras. Por ello una reacción se ha producido que hace 
decir al profesor Aquiles Mestres (1) : «Desde el punto de 
vista intelectual, estamos cansados hasta el descorazona¬ 
miento de la especialización abusiva en el orden de las cien¬ 
cias y de las ensenanzas, y nuestro ideal es colocarnos en 
un punto de vista elevado, desde el cual podamos con una 
mirada darnos cuenta de todo el pensamiento humano para 
hacer su «suma». 
Hemos apreciado en este somero estudio lamentables des¬ 
viaciones que afectan a los elementos esenciales y al sentido 
de la cultura occidental. Una exposición completa de la 
marcha de las ideas en la edad contemporánea no está a 
nuestro alcance ni cabria en los limites en que tenemos que 
encerrarnos. Ello hubiera dado una impresión más optimis¬ 
ta, porque al lado de los aspectos morbosos hubiéramos 
apreciado la importancia de los elementos de salvación, los 
motivos de esperanza y las saludables reacciones que la 
historia de las ideas modernas nos ofrece. Pero no podemos 
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(1) Cit. Henri Massis, Defense de l'Occident. 
— 87 — 
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Max-Planck-Institut für 
sy Politicas 
europäische Rechtsgeschich
	        
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