Full text: Minguijón Adrián, Salvador: ¬Los intelectuales ante la ciencia y la sociedad

vital.» Y es la filosofia con la Religion la que nos pone en reltéién 
con lo absoluto. 
Otra de las sendas que recomienda es la preocupaeion de es 
tudiar lo que hay de patologico en el espiritu. cMédicos ingleses 
norteamericanos dice han avisado el peligro, que realmente o 
es, para el sano ejercicio de la inteligencie y para la vida mism 
de la civilizacion occidental. El estrago de las enfermedades men¬ 
tales mayor que el del cancer y la tubéreulosis, tiene su origet 
sen la carencia de asideros espiritualés, en las ansias insatiste 
chas», en una cuestion metafisica, como asegura Allers. 
Otra de las sendas es hallar frenos razonables al capitalismo y 
à la democracia. Ambos engendran las aspiraciones de destruc¬ 
cion que caracterizan los movimientos révolucionarios modernos 
Diluyen y esfuman la responsabilidad, la Democracia en la Asam- 
blea y el pueblo, el capitalismo en el anenimado, y esa red que 
nos ata con cadenas invisibles. 
Otra senda està en despertar en las jovenes generaciones la 
conciencia del legado que reciben de la cultura occidental y ofre¬ 
cerles en lo posible las esencias positivas de esa cultura. Otra 
en fin, el localismo cultural impregnado de tradicion. Sostiene 
una continuidad estable frente a la anarquia ideologica que dis 
persa las almas.» Recordad con qué ironia garbosa al terminar 
su conferéncia clavaba à los que, sin esa posicion segura, acru¬ 
zan los caminos, agitados y convulsos, con la linterna apagade 
y el cantaro vacio, lo mismo que los espiritus cangrejilés que 
buscan faciles pinâculos con disfraces de vanguardismos». 
Y a lo largo de él no siempre habla el mismo lenguaje. En las 
primeras päginas en que expone la evolucion de sistemas filosoficos 
y sociales, el estilo es noble, pero sencillo y sobrio. Se ve que 
busca la verdad a través de la claridad. Cuando después expone 
las nuevas teorias de la fisica tan matizadas de metafisica, en 
sus relaciones con el espacio y el tiempo, su pluma parece a la 
vez medrosa y regocijada. Medrosa, porque quiza invade zonas 
de misterio para él no muy exploradas, y por eso da la impre¬ 
sion de un alpinista que tantea el arriesgado paso de una cor¬ 
nisa estrecha que da al abismo. Regocijada, porque ve el estrago 
que siembra en la supuesta infalibilidad e ingenuo dogmatismo 
de la vieja ciencia, y goza sumergiéndose en el mundo de la para¬ 
doja y del desconcierto que de ella resulta. Y su estilo entonces 
se tine de esa medrosidad, y por eso descarga su responsabilidad 
en los autores que cita con abundancia, y de ese regocijo, que por 
estar impregnado de réspéto y gravedad parece envuelto en una 
grâcil niebla de Lumorismo. En la ultima parte en que va bé 
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Max-Planck-Institut für 
ncias Mc 
europäische Rechtsgesc
	        
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