Full text: Minguijón Adrián, Salvador: ¬Los intelectuales ante la ciencia y la sociedad

con santo carino la casa en que nació; ha de amar el horizonte 
por donde volaron los suenos de su adolescencia, ha de ver en las 
cosas que le rodean por largo tiempo una huella de los latidos 
más puros de su corazón.» (1). 
EL PROFESOR Ha sido profesor por vocación y juez a la fuerza, 
Y EL JUEZ 
Fué primero notario rural, por muy breve 
tiempo; despuiés, profesor auxiliar de la Universidad de Zaragoza, 
y en que lo fuera tuvo empeno el ilustre civilista D. Roberto Casa¬ 
jus, entonces uno de los más sólidos prestigios de aquel centro 
Universitario. Los dos eran redactores de El Pilar, y los articulos 
de Minguijón sobre temas candentes y vidriosos bastaron para sub 
yugar la admiración paternal, de la que nuestro companero guarda 
indelebles recuerdos de gratitud. Le alentó en sus estudios, le im¬ 
pulso a hacer oposiciones a la auxiliaria, que ganó, y abriò el de¬ 
seo de que le sucediera en la Câtedra de Derecho Civil; pero, va¬ 
cante la de la Historia del Derecho Espanol, la obtuvo en lucida opo¬ 
sición. En la câtedra, sus rasgos de humorismo y su amena fami¬ 
liaridad, que contrastaba con su ordinario retraimiento, acababa 
por despojarie de una parte de esa autoridad formalista que impone 
exteriormente el respeto, pero no le privaron, a lo menos entre la 
parte mas selecta de la masa escolar, de otra clase de respeto mas 
interno y afectuoso. El parece que lo cree asi, y aunque yo creyera 
lo contrario, no le quitaria esa ilusión. Sus discipulos veian en él un 
espiritu no encajado por completo en los moides del convenciona¬ 
lismo social, una psicologia curiosa de observar, una concordancia 
parcial con las almas juveniles y una cierta capacidad de direccion 
intelectual y moral, ûtil para enfocar cuestiones actuales y fijar 
actitudes ante la vida. 
Jamâs ha tenido vocación de juez. En una conferencia que dió 
en San Sebastiån recordaba la måxima biblica: «No juzguéis y no 
seréis juzgados», y anadia: «Hay quien cree sin duda que ha na¬ 
cido para estar juzgando siempre, como si Dios le hubiese desti¬ 
nado a juzgar las doce tribus de Israel.» Claro está que esas pala¬ 
bras no se referian a la resolución de contiendas judiciales; pero 
no deja de parecer una ironia que el que eso decia tuviera el des¬ 
tino de juzgar por ordinario oficio. Después de su actuación en el 
Tribunal Contencioso de Zaragoza y en el Tribunal de Garantias, 
a donde le Ilevó el voto de sus companeros de las Facultades de 
Derecho, un dia hallése nombrado magistrado del Tribunal Su¬ 
(1) Ob. clt. pág. 3. 
126 — 
Max-Planck-Institut für 
Diencias Morales y Politicas 
eal Acad 
ade 
uropäische Rechtsgeschichte
	        
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