Full text: Minguijón Adrián, Salvador: ¬Los intelectuales ante la ciencia y la sociedad

el mundo sino armada de punta en blanco la inteligencia para 
defender el ideal propio y derribar al contrario. 
Muy joven aun cae bajo la avasalladora influencia de su cate¬ 
drático de Teologia Dogmática, el canónigo de Zaragoza, D. Juan 
Cruz Aranaz. Era éste una inteligencia poderosa, sutil, penetrante, 
dominadora y estupendamente combativa. En la discriminación de 
los sistemas, en las distinciones sutiles, en el afan de polemizar 
y sorprender el talón de Aquiles del adversario, era un maestro 
que hacia maravillas. Jugaba con nuestra inteligencia como un 
gato con un ratón, y nos amaestraba en los lances de la dialéctica 
discutiendo con nosotros y lanzando a nuestros entendimientos so¬ 
bre un error como una jauria que husmea y persigue implacable 
su presa. A lo largo de mi vida ya no he encontrado dialéctico más 
hecho, ni de recursos más variados para el éxito en la polémica. 
—Seria terrible, lamentablemente dramâtico que a este hombre 
se le ocurriera combatir la Summa Theologica que nos está expli¬ 
cando—decian ingenuamente algunos de sus discipulos. 
—Dos grandes maestros he tenido en mi vida—suele decir nues¬ 
tro sabio companero Miguel Asin—, y de los dos he llevado ya 
siempre en mi espiritu huellas profundas y felices; uno fué don 
Julián Ribera, en la Universidad; el otro, Aranaz, en el Seminario. 
Y ahora podemos calcular el efecto que un hombre asi produ¬ 
ciria sobre un joven de dieciocho anos, con el espiritu todavia en 
periodo de fresca plasticidad, con la idea fija de que la vida era 
lucha de ideales y de ideas; con la preocupación de recibir y de 
aprender siempre nuevas lecciones de la esgrima combativa, y 
guardando sus admiraciones más primitivas e ingenuas para los 
dialécticos que sabian el arte de la discusión triunfal. 
El tercer momento de la formación del polemista fué unos anos 
más tarde, de 1907 a 1910. Era redactor cofundador de La Paz 
Social, y el Director le encomendó la presentación de los grandes 
maestros de nuestro Movimiento Católico-social, al que la revista 
estaba consagrada. En fila con ellos, puso él a tres que no habian 
dedicado su vida al estudio directo de los problemas sociales, pero 
que a lo largo del siglo XIX habian dejado huellas imborrables en 
la defensa de catolicismo. En el fondo de los problemas sociales 
habia un problema religioso, y sobre ambos habian hecho luz 
radiante aquellos tres grandes pensadores. Eran Brunetière, el 
Cardenal Newman y Luis Veuillot. Para hacer sus semblanzas 
tuvo que estudiar su obra, y ya lo envolvieron en su remolino. 
Eran quizá los tres más poderosos polemistas del siglo XIX, al 
menos en lo que ahora llamariamos clas derechas», y ellos aca¬ 
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Max-Planck-Institut für 
Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschicht
	        
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