Full text: Tornos Laffitte, Cirilo: ¬El bien comun y nuestro derecho privado

pudiera ser capaz de presidir y regir la pacifica vida de los 
pueblos, y el progresivo acogimiento publico de la doctrina del 
bien comun que fué en la sociedad infiltrándose al irse apre¬ 
ciando su justicia, y que en sus primeros pasos se reflejó en 
la legislación, acaso sin que ni siquiera el legislador se diera 
cabal cuenta de la misma, para más tarde ser considerada 
como expresión de una necesidad social cuya satisfaccion im¬ 
ponia la realidad de la vida para su mejor ordenamiento. 
Nuestro va vetusto Código Civil, sin dejar de reconocer que 
necesita de modificaciones, las cuales se han iniciado ya en 
algunos de sus titulos, y no se efectuaron antes principalmen¬ 
te porque nunca se cumplió su disposición adicional, que orde¬ 
naba su reforma cada diez anos con vista, entre otros elemen¬ 
tos, de la Jurisprudencia del Tribunal Supremo, la cual se se¬ 
nalaba asi como antecedente preparatorio de la actuación del 
legislador, no ha tenido que derogarse para que la doctrina 
del bien comùn, en que no pararon mientes sus autores, se haya 
injertado en todo nuestro derecho privado, sin que las nuevas 
disposiciones que la han venido aceptando en unos u otros tér¬ 
minos, o con una u otra amplitud, hayan dado motivo a nin¬ 
guna incompatibilidad flagrante entre ellas y los preceptos del 
Código. Porque aunque esté lejos de mi ánimo el hacer ningûn 
panegirico de éste, y mucho menos de sus numerosos articu¬ 
los, que son traducción, no siempre exacta, del Código napo¬ 
leónico, si he de decir que, con relación a la materia de obli¬ 
gaciones, tan estrechamente enlazada con el bien comùn, con¬ 
tiene un precepto, el del articulo 1.255, cuyo espiritu seria di¬ 
ficil mejorar, ya que, después de reconocer la libertad de los 
contratantes para fijar los pactos, cláusulas y condiciones de 
sus contratos, anade que de esa libertad pueden hacer uso 
siempre que los pactos, cláusulas y condiciones no sean con¬ 
trarios a las leyes, ni a la moral, ni al orden pûblico, con lo 
cual queda abierto el cauce para toda justa limitación de la 
proclamada libertad de las partes. 
Como en la fecha en que el Código apareció aun predomi¬ 
naba un acentuado individualismo, no se aludió en sus precep¬ 
tos a las exigencias del bien comûn; pero, sin embargo, es lo 
cierto que la realidad de éstas es tal, que ya mucho antes y 
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Max-Planck-Institut für 
Real Academia de Ciencias Morales y Politicas 
juropäische Rechtsgeschichte
	        
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