Full text: García Valdecasas García Valdecasas, Alfonso: ¬Las creencias sociales y el derecho

siera hacer de la tradición, como herencia o acervo recibido, la rea¬ 
lidad absoluta y el valor supremo. 
Por plena que sea esa realidad, por alto que sea ese valor, habrá 
que dar razón de ellos. 
Es la razón la llamada a entender, a justificar y a continuar la 
tradición. Claro està : llamada a hacerlo no es la sin razón de aquella 
razón abstracta, pura, fuera del tiempo y del sentido, en la que se 
creyó con fe religiosa, que no racional. Es, por el contrario, una razón 
cuya misión primera ante la realidad histórico-social es entenderla y 
y entenderse a si misma en su conexión histórico-social. La llama¬ 
riamos, siguiendo a un maestro, razón histórica, si no prefiriésemos 
Ilamarla simplemente razón entera. 
EL DERECHO Y EL ESTADO. 
De lo expuesto resultan consecuencias para la doctrina del dere¬ 
cho y del Estado, algunas de las cuales debemos consignar. 
El derecho está en la sociedad para necesidades suyas esenciales 
y respondiendo a creencias y actitudes comunes. Pero la sociedad hu¬ 
mana, cada sociedad humana, es un proceso ininterrumpido, mâs o 
menos sensible, de cambio en el que siempre algo permanece. Es que 
toda generación, mas aun, toda existencia, aporta algo, bueno o malo, 
o bueno y malo, al proceso histórico. Y asi, cada época se encuentra 
en un nivel y paisaje distinto del que la anterior encontró. 
El derecho, por reflejar lo comûn y necesario, por ser social, no 
hace contenido suyo creencias y actitudes nuevas hasta que en algun 
modo han dejado de ser nuevas, hasta que se han generalizado o in¬ 
veterado. Este proceso es de pura evidencia en el derecho consuetu- 
dinario; por algo la costumbre juridica se forma a compâs, aunque 
moroso, de la vida orgánica de la sociedad. 
Con mas urgencia —sin duda, a veces, con más precipitación¬ 
procede el derecho legislativo elaborado por los órganos del Estado. 
Hauriou calificó al régimen parlamentario de régimen de revolución 
permanente, porque tenia a su merced cada dia la derogacion y sus¬ 
titución del derecho históricamente formado a lo largo de siglos. Qui¬ 
zá no sospechó que todavia podia haber regimenes a mas revoluciones 
que el parlamentario. El Parlamento, con sus discusiones y sus for¬ 
cejeos de partidos, se quedó en instrumento lento y exiguo para los 
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Max-Planck-Institut für 
Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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