Full text: Viñas Mey, Carmelo: ¬El pensamiento filosofico aleman y los origenes de la sociologia

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El pensamiento filosófico aleman y los origenes de la Sociologia 
los origenes de esta nueva ciencia y muy singularmente dentro de su 
marco en los de la sociologia de la cultura. 
El romanticismo, en términos generales, implicô la acentuación al 
máximo de la personalidad, de los valores de la individualidad: que el 
romanticismo diviniza al individuo y parte de una especie de mistica 
del yo, es ya una afirmación tópica. Por algo la doctrina de los genios 
o superhombres que incluye desde la heroistica carlyliana al sacerdocio 
sociológico de Saint-Simon y Comte, Collins y La Sagra, pasando por 
la figura y la obra de los profetas, mesias, magos y reformadores socia¬ 
les (35), y que constituye una constante espiritual de la época, es un 
producto genuinamente romantico. 
La sobrevaloración romántica del yo, si al operar en el concreto àm¬ 
bito humano da origen, entre otras manifestaciones, a la antropologia 
de los genios, al desenvolverse en relación con el mundo en torno da 
vida a una de las especificas direcciones del romanticismo, al metarrea¬ 
lismo, la tendencia a trascender la realidad, pero a trascenderla por el in¬ 
dividuo, en virtud de lo cual el mundo se concibe como una prolonga 
ción, una amplificación del orbe espiritual individual del hombre. Hay 
en el romanticismo algo asi como una trascendencia de la personalidad, la 
personalidad trasciende a los valores y les da su realidad. La realidad 
de los valores, más que objetiva, que ontológica, es en cierto modo 
subjetiva, tiene su ser en la autocreación y autoexpresión de la persona- 
lidad y de su circulo de experiencias subjetivas. El romanticismo, segun 
va indicamos, al igual que los demâs movimientos intelectuales de su 
época, ve el mundo real como un proceso que en ultima instancia trata 
de realizar ideales; mas para los románticos, éstos, los valores, son or- 
bes de experiencia subjetiva, de creación personal, de autoexpresion in- 
dividual. Asi, cuando Fichte afirma que si se considera el mundo como 
palenque en que operan los deberes morales del hombre, se convierte 
efectivamente en tal palenque, formula un genuino postulado roman¬ 
tico, y lo mismo cuando afirma el carâcter absoluto de las voluntades 
humanas. Mas en esta doctrina general que eleva sobre el pavés lo sub¬ 
jetivo individual se inserta la otra colectivista, de raiz cosmologico-re¬ 
ligiosa principalmente, que parte de la existencia de los entes colectivos 
como algo objetivamente dado, como realidades espirituales previas, 
como organismos espirituales vivientes, de cuya substancia brota y se 
alimenta el ser del individuo. 
El romanticismo, en sus concepciones, por un lado eleva al individuo 
sobre el pavés, y por otro le hace descender de él para elevar à la co- 
munidad, y sumirle y confundirle en ella. Asi, Fichte proclama el ca¬ 
racter absoluto de las voluntades humanas, y, sin embargo, la sociedad 
no es para él el producto de una yuxtaposición de voluntades, sino un 
organismo viviente, un mundo espiritual, y la sociedad universal con 
(35) Véase, sobre ella, PICARD, ob. cit. 
Max-Planck-Institut für 
encias Morales y Politicas 
Real Academia de 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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