Full text: Viñas Mey, Carmelo: ¬El pensamiento filosofico aleman y los origenes de la sociologia

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Carmelo Vinas y Mey 
bertad general universal de la humanidad, la vida de la especie, el ascen¬ 
so y perfeccionamiento universal de ese todo que es la especie humana. 
Tal es el imperativo categórico del deber que la causalidad de la 
razón exige. La razón y la libertad son los fines, pero no son los mios, 
sino los de la humanidad. Una especie de ontologia colectivo-moral 
sustenta estos principios: el contenido de los fines vitales del individuo 
no es su propia libertad, sino la moralidad ajena. La actividad moral es 
dedicación a los otros, a todos, al conjunto, es interacción. Porque todo 
deber es social, y la moral es actividad colectiva, tiene que referirse di¬ 
recta o mediatamente a la libertad ajena. La actividad moral tiene que 
cimentarse en la conciencia de la solidaridad, de la vinculación entre el 
propio desenvolvimiento y la existencia de la humanidad, ya que el fin 
del hombre es su propio desenvolvimiento, que es lo mismo que el de 
la humanidad: en si y en otros (26) 
El fin supremo de la sociedad es conducir a perfecta unidad a to¬ 
dos sus miembros; pero como este destino colectivo es tan inasequible 
como la perfección individual, hay que contentarse en los dos casos con 
la aproximación a lo infinito, es decir, con una perfección comun: per 
fección de nosotros mismos por la acción libremente recibida de los de¬ 
mas, y perfección de los demás mediante nuestra reacción sobre ellos; 
acción general de la humanidad sobre si misma. La cultura parcial de 
cada individuo se convierte en propiedad de toda la especie, y ésta, a 
cambio, da al individuo cuanto posee. La sociedad recoge las ventajas 
de cada uno como bien colectivo para uso de todos. El hombre escoge 
libremente su estado para recompensar a la sociedad por lo que ella ha 
hecho en su beneficio. Nadie tiene el derecho de trabajar para si pro¬ 
pio exclusivamente, de aislarse de sus semejantes y de hacer inutil para 
los demás su propia cultura. Tan sólo el trabajo colectivo le ha puesto 
en condiciones de adquirirla. Y en este sentido puede considerarse como 
producto y propiedad de la sociedad, y debe dirigirse a su ennobleci¬ 
miento. 
Hay que destacar una serie de aspectos principales de esta interacción 
en el seno del total conjunto: en primer término, el que se refière a la 
dedicación y abnegado sacrificio de los individuos a los demás y a la 
especie, principio que da fundamento a la pedagogia fichteana, profun¬ 
damente social, basada en lo que Ilama Artigas (27) su socialismo esen¬ 
cial, termino que nos parece inadecuado para significar su sociologismo 
o colectivismo esencial. Una ética social (28), como es la de Fichte, ha 
bia de dar origen a una pedagogia de tipo social. Otro aspecto concierne 
a la actividad colectivo-moral en relación con el mundo fenoménico, 
otro, finalmente, a la visión misma del mundo moral. 
(26) BREHIER, p. 577, t. II. 
(27) JOSÉ ARTIGAS: El tema de la educación en Fichte, «Rev. de Estu¬ 
dios Politicos», 1955, p. 123. 
(28) MESSER, ob. cit., p. 150. 
Max-Planck-Institut für 
Real Academia de Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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