Full text: Martín-Granizo, León: ¬Las clases medias

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à expensas de la muchedumbre agotada e inquieta de los 
totalmente desheredados. Cuando la sociedad se clasifica 
solo en los grandes bandos de los que poseen y de los que 
no poseen, de los que gozan y de los que sufren, el equili¬ 
briò social está roto. La codicia de bienestar, la pasión de 
comodidades y de goces que caracteriza a nuestra época, es 
lo que, en definitiva, ha producido el general descontento. 
Proudhon decia que la democracia era la envidia, pero pudo 
haber completado la frase annadiendo que la aristocracia es 
el recelo. Porque, en efecto, dedicándose las clases sociales 
à la persecución ciega de su propio bienestar, es como han 
surgido de un lado la indiferencia cruel y de otro lado el 
odio. En medio de esas dos grandes negaciones y de esos 
dos grandes peligros, la actual clase media es un ser epi¬ 
ceno, sin brillo ni relieve, que por lo mismo que no acierta 
à emular, ni siquiera a remediar, en sus nobles cualidades 
à los de arriba, tampoco sirve de modelo que se preocupen 
de imitar los de abajo. La gravedad mayor del problema 
social contemporáneo quizá estriba en la confusión de dos 
conceptos que frecuentemente juegan en la Sociologia y no 
siempre se exponen en su recto sentido : el concepto de cla¬ 
se y el concepto de profesión. La organización social cam¬ 
biaria de aspecto con sólo que, al agruparse los intereses, se 
agruparan por razón de la profesión y no por razón de la 
clase. Las clases se unen mirando a la fortuna adquirida 
las profesiones, a la ocupación ejercida. Asi la conciencia 
profesional es algo tan espiritual como la dignidad del ofi¬ 
cio ; la conciencia de la clase es el resultado del saldo que 
arroja el libro de Caja. La lucha de clases es un contrasen¬ 
tido y un retroceso histórico. La obra social marcha pro¬ 
gresivamente en el sentido de hacer desaparecer todas las 
diferencias que por razón de fortuna o de rango median en¬ 
tre los hombres. Ya han desaparecido para siempre o han 
aminorado su valor todas las antiguas distinciones de escla¬ 
vos y hombres libres, patricios y plebeyos, ciudadanos y ex¬ 
tranjeros. « Por qué hacer pivote de todo el edificio social la 
clasificación de los hombres en pobres y ricos? Nada hav más 
antitético en su respectivo interés que el asalariado de la ciu¬ 
dad y el asalariado del campo. No debe haber más grupos so¬ 
Max-Planck-Institut für 
Politi 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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