Full text: Martín-Granizo, León: ¬Las clases medias

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Con Martin-Granizo entra en esta Academia una repre¬ 
sentación más de aquel Instituto, del que fueron Presiden¬ 
tes don Gumersindo Azcárate, el gran Sennor social, y gran 
figura académica también, Vizconde de Eza, y nuestro com¬ 
pannero y tantos annos Secretario de esta nuestra casa sola¬ 
riega en el campo de Espanna, Sanz Escartin, Conde de Li¬ 
zärraga. 
Figura cumbre la de Azcárate, injustamente preterido 
en el recuerdo de los eximios patriarcas de la justicia so¬ 
cial. Martin-Granizo y yo, en este solemne acto que aqui 
nos congrega, doblamos ante su evocación la rodilla, en 
tributo de filial respeto y gratitud ante el maestro y conse¬ 
jero, al que tanto debemos en nuestras vidas de combatien¬ 
tés por la buena causa. 
El mejor homenaje que podemos dedicarle es reivindicar 
una vez más para don Gumersindo la verdad de su filiación 
cristiana y de sus explicitas declaraciones en ese sentido 
afirmadas repetidas veces pûblicamente (1). 
(1) «Creo en un Dios personal y providente, al que me considero 
intimamente unido para la obra de la vida, que por esta consideracion 
debe revestir el carácter de piadosa, y respecto del cual me reconozco 
dependiente y subordinado, como ser finito, siendo esta intimidad 
esta dependencia el doble fundamento en que se asienta la Religión, la 
cual es a la vez forma de la vida toda, en cuanto nuestros actos han 
de llevarsé a cabo en vista del destino universal y acatamiento a las 
leves y voluntad de Dios y fin sustantivo y propio, teniendo en este 
sentido como manifestación exterior el culto, del cual es el elemento 
esencial y primordial la oración. Creo en la vida futura y, por tanto, 
en la inmortalidad de nuestro ser, de nuestro espiritu con nuestro cuer¬ 
po, habiendo de conservar siempre el hombre su individualidad esencial, 
no la pasajera y temporal, debida a las circunstancias de la vida terrera, 
y habiendo de encontrar todos más pronto o más tarde, segun sus me¬ 
recimientos, un momento en el infinito tiempo en que se regenere y se 
salven. Creo que la Providencia de Dios alcanza, como su amor, a todos 
los tiempos y a todas las épocas. Creo que la manifestación más alta 
y más divina de la vida rétigiosa, hasta hoy, es la cristiana, en cuanto 
ofrece al hombre: como ideal prâctico, la vida santa de Jesus; como 
regla de conducta, una moral pura y desinteresada; como ley social, el 
amor y la caridad; como dogma, el sermón de la Montana; como culto, 
la oración dominical,» (En su Minuta de un testamento.) 
En el mismo documento testamentario se leen estas frases : 
«No quiero lo que se llama entierro civil, a fin de que nadie se equi¬ 
Max-Planck-Institut für 
as Morales y Politica 
Real Acad 
uropäische Rechtsgeschichte
	        
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