Full text: Diego Carro, Venancio: Derechos y deberes del hombre

panadero el pan. En las grandes ciudades, una simple huelga de 
barrenderos y traperos ocasiona ya grandes trastornos. No hable- 
mos ya de lo que sucederia si faltan el agua, la luz y los comesti¬ 
bles una sola semana. 
Ante esta realidad se nos permitirá que preguntemos: No va¬ 
len nada los Derechos de los pacificos y honrados ciudadanos, que 
siguen cumpliendo con sus deberes? No es el primer Deber del 
Estado amparar y proteger a estos buenos sûbditos? No debe pre¬ 
valecer el bien comùn de la Nación sobre el de una fracción, que 
acude a medios violentos para imponer su voluntad y capricho a 
la sombra de un discutido y discutible derecho? No es posible la 
prosperidad de las Naciones sin la paz y el orden, sin el triunfo 
de los tribunales de justicia, que nunca deben ser preteridos. Que¬ 
remos decir con esto que el Estado no puede limitarse en estos 
casos al desairado papel de espectador, pues ni los derechos de 
los ciudadanos ni los deberes propios se lo consienten. Las huelgas 
son ilicitas en todos los hombres, pero las huelgas del Estado son 
criminales, verdaderos atentados a la Nación y a la Patria. 
El origen de todos estos males es harto diverso, pues son va¬ 
riadas las causas que concurren a producir este ambiente morboso. 
campo abonado para todos los delirios. Diriase que el hombre na¬ 
vega sin rumbo fijo al carecer de verdadera ideologia y al olvidar 
lo que es y debe ser, de dónde viene y a dónde debe ir. En su 
lugar ponderamos la trascendencia juridica del concepto cristiano 
del Hombre; ahora debemos annadir que no es menor su trascen¬ 
dencia en el orden social y humano. Los Hombres, la mayoria de 
los Hombres, sin excluir a muchos de los llamados intelectualesy 
cultos, no tienen un concepto claro de su ser, de su principio y 
de su fin, y por lo mismo no pueden tener una conciencia clara 
eficiente de sus Deberes y Derechos sociales y humanos. De aqui 
las luchas, las guerras y los crimenes que están asolando al mundo 
y ponen en peligro la civilización, la cultura y todos los valores 
del espiritu. Por desgracia, no vemos que los llamados estadistas, 
harto pequenos y raquiticos, aunque gusten de llamarse grandes, 
acierten con los verdaderos remedios. Se quiere prescindir de Dio 
y de la Religión, y sin Dios no hay redención posible. Más de una 
vez hemos repetido: si al hombre se le despoja del verdadero con¬ 
cepto de su ser y se le convierte en un animal, ;qué extrano es 
Max-Planck-Institut für 
Real Academia de Ciencias Morales y Politicas 
2uropäische Rechtsgeschichte
	        
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