Full text: Diego Carro, Venancio: Derechos y deberes del hombre

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derse de ninguno de estos aspectos si ha de cumplir con su misión 
y con sus Deberes. 
Con la potestad legislativa, que estructura la vida social y la 
vida civica de los ciudadanos dentro de la Nación, va también 
el Deber natural del Estado de organizar la defensa de la Patria 
y de los ciudadanos contra los enemigos interiores y exteriores. 
"Nihil magis naturale quam vim vi repellere", repite Vitoria (41). 
La administración de la justicia, en defensa de los buenos y hon¬ 
rados ciudadanos, es algo fundamental en la existencia y prospe¬ 
ridad de una Nación. Los Teólogos-juristas conceden a la potestad 
suprema de la Nación la facultad de dar leyes penales que sirvan 
de freno, incluyendo la pena de muerte. Luego analizaremos la ra¬ 
zón de este derecho. No pueden olvidar lo que dice Domingo de 
Soto, glosando al Filósofo: "Cuando los hombres ven que no son 
compensados de las injurias con las penas impuestas a los delin¬ 
cuentes, piensan justamente que viven sin libprtad y como es¬ 
clavos" (42). 
No es de menor trascendencia el Deber de organizar la de 
fensa contra los enemigos exteriores de la Patria. Este Deber res¬ 
ponde a un Derecho natural de toda sociedad perfecta y sibi suf¬ 
ficiens, como dicen nuestros Teólogos-juristas. "El fin de la gue¬ 
rra, ya sea ofensiva, es la paz y la seguridad de la Republica o 
Nación —escribe Vitoria, glosando a S. Agustin—, y no podria 
haber esta seguridad si no se tuviese a raya al enemigo con el te- 
mor de la guerra." Probó antes Vitoria la licitud de la guerra de¬ 
fensiva, incluso para un particular, en los casos que no admiten 
espera, y concede ahora a la Nación el derecho a la guerra ofen¬ 
siva, pues en el caso contrario estaria el inocente en posición des¬ 
ventajosa, si "invadiendo los enemigos injustamente la Repübli 
ca, solamente fuese licito rechazarlos para que no pasasen adelan¬ 
te". “Se prueba también —anade Vitoria— por el fin y el bien 
de todo el Orbe. De ninguna manera podria permanecer, a la ver¬ 
dad, en un estado feliz, y aun llegariamos a una situación intole 
rable si los ladrones y raptores pudieran impunemente cometer 
toda clase de atropellos, oprimiendo a los buenos e inocentes, sin 
que a éstos les fuese licito repeler y castigar sus agresiones e in¬ 
(41) Vitoria, Relect. de potestate civili, n. 7, p. 182. 
(42) Domingo de Soto, De lustitia et lure, lib. V, q. 4, art. 4. 
Max-Planck-Institut für 
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