Full text: Diego Carro, Venancio: Derechos y deberes del hombre

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es naturalmente social (16). Al escribir la palabra natural la damos 
todo el hondo contenido que tiene en los Teólogos, maestros en la 
precisión del lenguaje. Advertimos ésto, porque tras esta condición 
natural del Hombre surgirán Derechos y Deberes mûtuos y natura¬ 
rales, que no pueden ser preteridos en ningun caso, dentro de los 
miembros de la familia y dentro de la sociedad politica y civil. 
Dejando para el capitulo siguiente este ultimo aspecto, digamos 
luego que el Hombre se siente naturalmente unido a la Familia an¬ 
tes que a la sociedad politica y civil, y con vinculos más fuertes, por 
mâs necesarios y naturales. Con Aristóteles repiten también el Doc 
tor Angélico, Vitoria y Domingo de Soto, entre otros muchos, que 
el Hombre es, por naturaleza, más animal conyugal que politico. 
"Homo magis est secundum naturam animal coniugale quam pol 
ticum" escribe Santo Tomás, glosando al Filósofo en los Eticos 
(Ethic., VIII, 12), y lo repiten sus discipulos. La realidad de la vida, 
que es una gran maestra, nos confirma en estas ideas. El Hombre 
nace en medio de la sociedad familiar y sin ella no podria nacer, 
ni subsistir. Diremos más: sin la familia y la protección familiar, 
prolongada durante anos y anos, no se concibe, ni es posible la vida 
del hombre, como ser racional. 
Si volvemos la vista a la naturaleza, libro abierto para todos los 
hombres, y donde hay tanto que admirar, podemos advertir luego 
cómo la unión entre los mismos animalillos dura el tiempo necesa 
rio, en unos mâs y en otros menos, para la crianza de sus hijuelos. 
Si la madre se basta en esta misión, no se emparejan siquiera, y sólo 
se buscan el macho y la hembra para la fecundación, separándose 
luego sin acordarse más el uno del otro, y sin que el padre reconozca 
después a los hijos. Pero si la madre no se basta, como acontece 
en tantas avecillas, les veremos emparejados, ayudándose mutua- 
mente mientras crian sus hijuelos, hasta que éstos sepan vivir y de¬ 
fenderse por su cuenta, adivinando ya, como el gorrión del cuento, 
cuando el rapaz travieso e inquieto trae la piedra en la mano para 
matarle. En todos los animalillos se cumple tan ejemplarmente lo 
que el instinto les dicta, reflejando el orden divino y la voz de Dios, 
que es para sorprenderse y maravillarse, si no supiéramos cuán po¬ 
derosos es el Senor, que todo lo gobierna sapientisimamente. 
Ternando de nuevo al Hombre, debemos reconocer que es de 
(16) Div. Thomas, In I Eth-, lect. 1.", cap. 1; De Regno, I, cap. 1; Dom. de 
Soto, De lust, et lure, lib. I, q. 2, art. 1. 
Max-Planck-Institut für 
Real Ac 
Morales y Politicas 
europäische Re 
htsgeschichte
	        
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