Full text: Suarez de Tangíl y de Angulo, Fernando: ¬Las obras publicas en España y los gobiernos de autoridad

como os decia hace un momento. Porque en ese Ministe¬ 
rio que absorbe ahora al Conde de Vallellano, como antes 
al de Guadalhorce, hice yo mis primeras armas politicas, 
siendo su titular D. Francisco de A. Cambó, de quien fui 
en mis mocedades — apenas habia cumplido los veintitrés 
annos — Secretario Politico. Ahora comprenderéis que este 
acto solemne que hoy celebramos tenga para mi resonancias 
emotivas que dificilmente pueden ser superadas. 
No es la menor aquella que ha sabido el recipiendario 
enfocar tan brillantemente, al referirse en su magistral dis¬ 
curso a la necesaria continuidad de la obra de los Gobier 
nos, porque sólo en méritos de este principio bâsico de to- 
da buena politica es posible realizar una labor empennada 
y eficiente. Establezcamos, sin embargo, ciertas diferencias 
del concepto tiempo. El tiempo, el tempo como ahora se 
suele decir tomando al vocabulario italiano de la Musica el 
concepto, responde al ritmo de cada ciclo histórico, y den¬ 
tro de éste al sentido de cada época. El tempo de Richelieu 
es lento. El de ahora es rápido. Si pudiésemos justipreciar 
todos los factores, tal vez Ilegariamos a poder equiparar un 
anno del siglo XVII con una década o más de nuestro tiempo. 
Todos los conceptos, incluso el de la paz, han sufrido de 
rebote la influencia de esas aceleradas medidas de tiempo. 
La paz de hoy es dinámica, se halla puesta siempre en dis¬ 
cusión y entranna un continuo peligro de perderla. En este 
orden de cosas, podriamos Ilegar a afirmar que es una paz 
revolucionaria, una paz con ribetes de guerra fria o a fue¬ 
go vivo. Una paz ganada en todo caso al filo de los dias, a 
costa de dolorosas pruebas. Las mutaciones de signo y de 
posicion se realizan hoy con mayores apremios. Exigen por 
via de consecuencia sistemas politicos ágiles capaces de Ile 
var a cabo, sin transiciones violentas, un rápido reajuste de 
las instituciones y las leyes al imperio de la realidad. No 
serâ preciso echar mano de los consabidos términos del ra¬ 
dar y de la televisión para que comprendamos todos hasta 
donde el cambio del sentido del tiempo difiere en nuestro 
ambiente de cualquiera de los anteriores y responde a rit 
mos de vida distintos. Se dice por algunos, tal vez a con 
secuencia de esta subversión, que la angustia es el clima 
Max-Planck-Institut fül 
prales y Politicas 
opäisch 
eschicht
	        
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