Full text: Torres Martínez, Manuel de: Teoria y práctica en la politica económica

intermedias la fantasia pueda sugerir, desde la blanca sociedad 
homogénea, bautizada en un Jordån regenerador y propugnada. 
por los grupos de comunistas católicos, hasta el socialismo evo¬ 
lucionista; desde los defensores de la industrialización, aunque 
ésta implique el sacrificio de la generación actual, hasta los par¬ 
tidarios de la especialización localizada. Resulta innecesario con¬ 
tinuar la enumeración, porque, en fin de cuentas, en cada una 
de aquellas posiciones podemos establecer matices y distingos 
que son otras tantas opiniones autónomas. 
Lo que ahora importa es considerar cómo se ha resuelto esta 
disputa de los hombres, que dura desde la infancia de los tiem¬ 
pos y cuya babélica confusión hace flotar sus ramas en el espa¬ 
cio incógnito del futuro y adentra sus raices hasta el origen 
mismo de la Humanidad. El remedio a tal discusión lo ha puesto 
la sociedad, a la manera de una defensa orgánica, en la solucion 
de encomendar a la autoridad politica la definición de los fines 
el establecimiento de los criterios para determinar en qué debe 
consistir la salud económica de los pueblos. La función primaria 
e indeclinable de la autoridad económica es la de fijar los fines, 
objetivos o metas que en el orden económico debe perseguir la 
sociedad; en establecerlos, y, utilizando los resortes del poder, 
imponerlos a los ciudadanos. Esta solución podrá considerarse 
buena o tenerse como mala, pero era la unica solución posible, 
mientras se mantuviese la disputa, y ésta tiene todo el aspecto 
de durar hasta la consumación de los siglos. 
Por razón de su propia naturaleza, el problema económico ha 
tenido una solución distinta que el problema militar o el pro¬ 
blema del médico. El economista se ha convertido en un técnico 
de los medios, al que no corresponde la decisión de las ultimas 
finalidades; su misión consiste en encontrar los medios adecua¬ 
dos para conseguir las metas que el politico le senale. El econo¬ 
mista vendria a ser algo asi como un médico que, para prescribir 
el tratamiento, tuviera que esperar a que la familia del paciente 
o el alcalde de barrio le definiese la salud, y entonces recetaria 
la aspirina o provocaria una elevación de la fiebre del enfermo. 
Con toda deliberación he destacado con el simil el contraste, 
porque si resulta inconcebiblemente absurdo que un médico ne¬ 
cesite quien le defina la salud, por la misma razón cuando el 
economista quiere definir los fines y no limitarse a ser un téc- 
nico instrumental de los medios, no sólo está traicionando su 
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Max-Planck-Institut für 
Real Acac 
encias Morales y Politicas 
päische Rechtsgeschichte
	        
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