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ser daderamente, es un sacrificio para una esposa
itosa tener que recurir à la justicia en demanle -
de protecciön contra los desmanes de su mal
senoso, pero es un sacrificio bien entendido, que
més tarde se traduce en libertad y dignidad para
ella.
El divorcio conviene tanto al hombre como à la
muier, y me atreveria à decir que mucho mas à
ésta que aquel, porque el hombre cuando ha formado -
un hogar desgraciado, en el que la armonia
convugal sea una ilusión, puede sin grandes esfuerzos -
constituir una morada artificial al lado de la
legal; puede hallar otra mujer que lo acepte
haga nacer de este consorcio una unión ilicita,
puede aun mismo Ilevar una vida de crápula en la
seguridad de que siempre se abrirán á su paso las
puertas de aristocråticos salones—ninguna mano
se retirará ante la suya, y en los teatros, clubs y
paseos, no faltará quien lo admire y agasaje.
Algo sufrirá, por la condición terrible, que la
ley en complicidad con él, crea á los hijos nacidos
de este nuevo estado, pero este dolor se calmarä
al ver que vive aceptado en todas partes.
La mujer en cambio, doblemente afectada, sufrira -
en silencio las torturas mas mortificantes
lagrimas amargas inundarán sus párpados y los
sentimientos por tanto tiempo comprimidos buscaran -
una salida, llegará un momento en que esa mujer -
en quien la desdicha se habia cebado, empiece
d'amar y encuentre un hombre que al fin la comprenda, -
esa mujer aunque se conserve pura, aun¬