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bastante, lo encuentro grabado con caractéres indelebles
en el corazon del hombre.
Este es el hecho universal y palpitante ; y ahi tenemos
tambien su idea correlativa, el Derecho, abrogado en los
diversos periodos históricos por la materialidad de la fuerza
con los tiranos, por la presion de la moral y de la prédica
con el Salvador del mundo.
Yo, como muchos, no he quedado satisfecho con estas
investigaciones y he ido mas allá ;—me he preguntado como
Hlester, ante el Derecho Internacional, si existe verdaderamente -
en la sociedad el derecho de castigar. He buscado el
origen de este derecho entre los alienistas de la libertad
humana y proclamadores de la soberania del hombre, en
la escuela francesa, sofista y demagógica; y lo he buscado
en la escuela alemana, menos didáctica pero mas silogislica, -
y abandonando à Rousseau con su Contrato social, à
Benthan y à Beccaria, con sus teorias del utilitarismo y de
la necesidad, á Burlamaqui con su amalgama de principios -
diversos, y despues á Augusto Compté, Shellingh,
Schopenhauer y su escuela, he venido por ultimo á convencerme -
que la grave dificultad que ha dividido á los filósolos -
y à los juristas, estriba en un punto cardinal, principio -
y fin de las investigaciones humanas; — el hombre.
Y no se diga que la dificultad es obvia.
Qué es el hombre, Senores? ; Es acaso imperceptible
âtomo que gira atraido fatalmente por el torbellino de una
corriente desconocida? ; Es el humilde gusano que nace,