53
jorar los productos. «Qué nos importa, agregaba, que
la bota que calzamos se fabrique en Buenos Aires ó
en Lóndres?
El gran pensador revelaba siempre en sus escritos
profundo dominio de la ciencia, y lo que es más raro
aun, visión práctica de las cosas y miras verdaderamente
proféticas. Y decimos esto, al ver que las razones que
fundan su opinión son hoy empleadas y explotadas por
todos los enemigos de la industria nacional. Pero el publicista -
no conoció quizá, en aquel entónces, la vida real
de industrias que aûn no se habian implantado, y los
tiempos à este respecto son diversos, siendo este el punto -
en que disentimos con él.
Los organismos todos deben nacer ántes de desarrollarse -
y progresar, y es en ese primer periodo en el que se
encuentran algunas de las industrias argentinas. Se desespera -
y se impacienta porque el consumidor no puede
estar favoreciendo articulos de inferior calidad, para alimentar, -
cruzado de brazos de esta suerte, la esperanza
indefinida de una mejora. Pero esto es desconocer la
historia, porque «qué pueblo no tuvo que soportar las
évoluciones graduales de su producción, y qué industria
no pasò por sucesivas transformaciones? «Y se despoblaron -
acaso los pueblos de la Europa y Estados-Unidos,
porque en los origenes de su manufactura y de su producción -
los frutos de éstas no fueran perfectos? Y cuando -
se dice que la esperanza de una igualación en la
calidad del articulo con el similar extranno podrá ser cierta,
pero es remotisima, contestamos que este peligro es
imaginario, porque con protección ó sin ella, la concurrencia -
y competencia internas que son ley natural de la
économia humana, se encargarian de desalojar á los pro¬