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guno y cuando se repiten constantemente, demuestran
la legitimidad del móvil que los impulsa. A este nûmero -
pertenece el instinto de la propiedad. Negar
esto, es desconocer la naturaleza humana, es suponer -
que una inclinacion natural, no desaprobada
por ley alguna, está en contradicion con el hombre
mismo de quien emana. En consecuencia, no hay
medio posible, ó este ultimo absurdo ó la propiedad -
como efecto espontáneo del instinto y del
sér racional y libre.
Los animales no están desposeidos del instinto
de la propiedad. El pájaro defiende su nido y la
fiera su guarida con el mismo empenoso afan que à
sus hijuelos.
El hombre se observa á si mismo, se vé dotado
de facultades, de órganos, piensa, siente, se transporta -
de un lugar á otro, es libre en sus inclinaciones, -
independiente de todo poder, de todo sér
humano.
El considera un atentado punible cualquier
coaccion ó violencia contra su libertad exterior.
Ni el mas zafio deja de tener idea, concepto cabal
de esa verdad que salta á los ojos como la luz.
Ninguno se considera confundido con otros séres
u objetos creados, sinó por el contrario, se atribuye -
una singularidad que lo especifica de sus semejantes -
y lo hace dueno de si mismo. De aqui
brota la primera idea de propiedad, reducida es
cierto, à un limite estrecho y sujetivo, pero no por
eso menos claro y contundente. Ella ha sido per