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ara absurdo à sus ojos, 6 conmovia su débil inteligencia,
guda todavia y en continua batalla con las cosas externas, -
busco en la familia amparo y en ella hizo desaparecer -
su individualidad. A ella entregô sus primeras posesiones, -
ella sué la guardadora de sus primeros objetos, y
fuerte con ese poder al verse libre y uno en su totalidad,
al amparar su poder con el de los objetos externos, creyo
lo conseguido por él, propio suyo, y bajo el escudo de la
religion lo creyó tambien propio de la samilia. Asi las
tumbas y los templos sueron una de las primeras propiedades. -
Estendiendo al rededor de ellas sus habitaciones,
y connaturalizándose con la tierra productora, servian de
amparo al bienestar comun. La religion vino, como dice
Coulanges, «à garantir la propiedad que fué establecida
para un culto extraordinario, y por eso existió despues de
muerto el hombre.» El conocimiento de algo superior, e
temor à alguna cosa oculta, el desamparo en que veian los
objetos, su composicion y descomposicion momentanea sin
poderse dar cuenta de tales accidentes, les hizo concebir -
à ese algo superior, à esa suerza oculta como propiétaria -
de lo existente, y relativamente consideraron ellos
tambien como propio, aquello que sometian à su voluntad
libre.
Las piedras siendo colocadas como mojones ò senales
del término de una extension de terreno, senalaban todo
cuanto uno poseia y era de él propio. Asi los dioses
Hermes, Término etc., nacidos de estas ideas, protegian la
propiedad y servian de obstáculo à cualquier avance de
un extrano. Las piedras ya llevando otra significacion ó
senalando el término y el fin de una posesion de terreno
nan sido adoradas desde tiempo inmemorial y en casi
todos los paises, tal era el respeto que se tenia à la ac¬