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gularmente en Flandes y Alemania á Pedro Appiano, á Gemma de Frisia, y
al sobrino de este llamado Gualtero Arsenio, mandándolos construir colecciones -
de aquellos y escribir libros descriptivos de ellos, que mandaba á
España para que los estudiasen y le informasen los marinos y los astrónomos
reunidos en junta en Sevilla; siendo una de estas la que presidió el Marqués
de Mondéjar, dispuesta por mandado del Sr. D. Felipe II, entonces gobernador -
de España durante la ausencia de su padre el Rey Don Carlos, y en
la cual tomaron parte el cosmógrafo mayor Santa Cruz, varios pilotos y
astrónomos, entre estos últimos Pedro Ruiz de Villegas, vecino de Búrgos,
persona muy docta en la astronomía y cosmografía.
El Rey D. Felipe II, con relacion á las artes de construir aparatos astronómicos, -
considerándolas como de la mayor utilidad científica, hizo, si cabe, mas
grandes esfuerzos que sus predecesores, para que los matemáticos, astrónomos -
y artífices españoles tuviesen los mas perfectos de la ciencia de su tiempo,
con los que se ejercitasen en la práctica de la astronomía, y aprender con el
ejemplo las mejores reglas de su fabricacion y construccion. Fue tan grandioso
el plan que aprobó y adoptó el Rey D. Felipe II en esta parte, que merece tenerse
una idea perfecta de él, para lo cual trascribiremos aquí las palabras con que
Navarrete nos da una idea de lo que aquel Rey llevó á cabo en favor de los
progresos de la ciencia, y para que la educacion de los astrónomos españoles
fuese tan sólida como digna.
Diciendo: «No satisfecho todavía Felipe II con estas obras de utilidad pública, -
quiso reunir en la librería del Escorial los globos celestes y terrestres,
los mapas y cartas, y los instrumentos matemáticos y astronómicos mas es
celentes que se conocian; siguiendo en esta parte el grandioso plan que
le propuso al principio de su reinado el Doctor Juan Paez de Castro, ¬
para formar en Valladolid un establecimiento público de mayor
aparato, estension y magnificencia. Allí se depositó uno que Pedro Appiano
habia inventado y presentado al Emperador Carlos V, y servia, entre otros
usos, para situar y medir las tierras, y tomar sus alturas y distancias, cuya
aplicacion hacía el autor en cuatro libros en folio, parte impresos y parte
manuscritos, que se conservaban con el mismo instrumento, segun asegura
el Padre Sigüenza (Historia de la Orden de S. Gerónimo, part. 3.“, lib. 4.”,
disc. XI, págs. 771 y 772). No era este el único que habia de Appiano, que
algunos existian allí de Gemma de Frisia, de Juan de Rojas, y de otros grandes -
maestros, labrados en metal con particular esmero. Era grande el número
de mapas ó cartas geográficas é hidrográficas, hechas de mano con sumo estudio -
y trabajo, y mucha la variedad de esferas, astrolábios, armilas, rádios
astronómicos y otras alhajas semejantes, de las cuales se conservaban algunas -
no hace muchos años. Los mismos inventores ó fabricantes tenian gran
satisfaccion en que se colocasen allí, ya por lisonjear su amor propio, ya la
aficion del Rey á dar por este medio mayor lustre y celebridad á aquel ma-