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bien comun que asegura y acrece el bien de los individuos; iria asi,
y no a bandazos, anorando una mano de hierro cuando la relajacion de
los vinculos sociales y la falta de autoridad dejan que impere el libertinaje -
y sea imposible la pacifica convivencia; o, por el contrario, aclamando -
las desgrenadas furias de la revolución cuando las autoridades,
mas atentas a su propio medro y a perdurar en el poder que al bien
publico, ahogan como con dogal asfixiante las más elementales libertades
humanas. Llegado este caso, los mismos que antes aplaudian al tirano,
se alzan, obedeciendo a natural instinto, contra él. Detestaban la anarquia, -
porque hace imposible la vida; y aborrecen luego la tirania, porque
anula la libertad, que es vida del espiritu; sin que les compense ni satisfaga -
la seguridad del orden externo, que en régimen de tirania no
hace màs que asegurar la esclavitud.
El equilibrio, base del orden, no se obtiene más que compensándose
mutuamente los derechos y deberes individuales y los sociales, porque
ambos son dictados por el Hacedor de la naturaleza humana; los códigos
de tipo napoleonico, respondiendo al clamor de reacción contra la actuacion -
opresora de las sociedades y corporaciones que en lo pasado ahogaban -
la libertad individual, proclamaron los derechos individuales del
hombre; pero por no respetar sus derechos sociales dejaron aquéllos
entregados al omnipotente arbitrio del Estado, y al indiviquo sin defensa -
y sin organismos para remediar socialmente muchas de sus necesidades; -
a este dano deben atribuirse los alocados gritos de anarquia que
perturban con cainica fiereza la vida moderna. Ni el hombre puede vivir
mas que socialmente, ni basta la suprema sociedad, el Estado, para
satisfacer su necesidad de vida social; esta es doctrina general hoy
de sociólogos y juristas, y D. Eduardo Dato, con toda la autoridad de
su ciencia juridica y de su experiencia politica, recogia ante vosotros
hace un cuarto de siglo la “observación de que si al presente es potente,
con ribetes de unánime, la reacción contra el individualismo disgregador -
y égoista, que sólo ve en el hombre un conjunto de derechos, no
es menos fuerte y poderosa la reaccion contra las teorias que, proponiendose -
el bienestar del hombre y reconociéndole como fuente de derechos, -
se dan tal traza en la defensa de éstos, que llegan al aniquilamiento
de la personalidad humana" (35).
(35) D. Eduardo DATO IRADIER, en su discurso de recepcion en esta Academia, -
sobre La Justicia Social, 1910, pägs. 72 y 136.
Max-Planck-Institut für
Real Academia de Ciencias Morales y Politicas
europäische Rechtsgeschichte