« Después de muerto su esposo que ni siquiera pronuncie
el nombre de otro hombre » (1).
Es indudable, sin embargo, que, à pesar de esta disposicion -
de la ley, una costumbre cuyo origen se pierde en
la niebla de la Prehistoria, y que segun todas las conjeturas -
nacié antes de la emigración de las razas establecidas
en la meseta de Pamir, prohibia terminantemente à la
viuda sobrevivir à su marido, junto con el cual debia ser
quemada viva. Los primeros griegos que invadieron la
India en tiempos de Alejandro quedaron estupefactos al
présenciar en las orillas del Ganjes el espectáculo de mugères -
que subian resueltamente à la hoguera en que se
consumia el cuerpo de su esposo, entregando el suyo al furor -
de las llamas. (2) El Mahabarata (3) recomendaba, con
la promesa del cielo, este terrible sacrificio que, en ciertas
régiones de la India, se ha perpetuado hasta principios de
este siglo, (4) y que el estudio minucioso de los pueblos
antiguos ha demostrado haber sido de un uso casi univer
sal. Los griegos primitivos, en efecto, lo han practicado.
segun se colije de un pasage de Pausanias (5) ; y Heródoto
hallo vestigios de él entre los habitantes de Tracia. Los
mismos germanos, como pertenecientes à la raza aria, y
Mand 18 7 151.
(2) Véase à Estrabón, traducción de Düber, XV, 1 y 63, y Cicerôn, Tuscula
nas, V, 27.
(3) Uno de los antiguos libros sagrados.
(4) Lassen, -Indische Alterthumskunde., I, 630; Zimmermann, Die Inseln des Indischen -
und Stillen Meeres, I. 19.
(5) Descriptio Greciæ IV, 2, traduccion de Dindorf. «Tres hoc mulaeres, enitio d
Marpessa facto, amissis viris semetipsas jugularunt.