DEL ILMO. SR. D. JAVIER VALES FAILDE
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Espana y hasta el orden de proceder y los recursos ordinarios -
y extraordinarios que podian utilizarse contra los fallos
dictados.
Habia dos tribunales constituidos: el Concilio nacional,
que entendia en las causas contra la fe o las disciplinares de
intérés general, y el Concilio provincial para los demás asun
tos, pudiéndose apelar de la sentencia dictada por un Concilio -
al Concilio siguiente, en cuya apelación podemos ver ya,
admirablemente bosquejada, la constitución de nuestra Rota,
con las apelaciones de un turno a otro turno.
Se exceptuaba de esta tramitación el litigio de un clérigo
con su Obispo propio, que se seguia ante el Metropolitano, y
si era éste el Obispo propio, ante otro Metropolitano, el cual
era también juez competente cuando el Metropolitano propio
no queria escuchar la reclamación. Y cuando ambos Metropolitanos -
se inhibian, entonces podia acudir al Rey en respetuosa -
queja.
Admirado el preclaro canonista gallego D. Manuel Ventura -
Figueroa ante esta clara y precisa disciplina eclesiästica,
no titubea en escribir las siguientes frases: «Si bien esta católica -
nación se distinguió en todos tiempos sobre las demås -
del orbe en la obediencia a la Silla Apostólica, conservó
en lo antiguo sus derechos y costumbres, en orden a que sus
naturales no fuesen extraîdos de sus provincias y juzgados,
ni se les obligase a litigar en la Curia romana, con el inmenso -
trabajo que precisamente ocasiona una distancia tan larga;
por lo cual, justamente, establecieron los Concilios nacionales
toledanos las más positivas providencias para que on Espana
se feneciesen los pleitos eclesiásticos de sus naturales» (8).
Este hecho, tan claro y evidente, que lo mismo se mani
fiesta en muchas resoluciones canónicas que esmaltan el
feraz campo de la historia interna de la Disciplina eclesiästica -
espanola que en la sabia legislación elaborada en nues
tros inmortales Concilios nacionales, aparece excepcionado
por la causa llamada de los libeláticos; pero entiendo que
esta excepción es más bien aparente que real.
Max-Planck-Institut fül
ales y Politicas
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