Full text: Alonso Martínez, Manuel: Nocion del estado

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la moral publica, habituando å lo 
que malean las e 
asesina 
inan: 
hombres al pilla 
pueblos por 
rdinarias y los emprés 
las contribucione 
titos publicos, 
que son, en suma 
n la expresion de Molinari, bancarotas de 
la civilizacion! 
se hasta aqui, lo que la asociacion y la libre 
Desgraciadame 
concurrencia han producido es el canon rayade 
el fusil de aguja 
el chassepot, armas de mayor alcance y precision que hacen mas 
espantosas y terribles esas hecatombes de sangre humana. Asi co¬ 
mo el genio industrial moderno ha reemplazado con ventaja la hoz 
del segador por un mecanismo más perfecto, asi tambien ha sus¬ 
tituido las armas ántes conocidas con la invencion de otras mas 
mortiferas, con el canon Krup y las mitrailleuses, especies de mà 
quinas infernales, que asi derriban masas de hombres, como caen 
bajo la cuchilla de las máquinas segadoras montones de ricas 
mieses. 
Sin ser yo partidario de la guerra y de las revoluciones; sin 
creer que estos procedimientos de fuerza marquen siempre un pro¬ 
greso en la historia de la humanidad, paréceme que existiràn tan¬ 
to tiempo cuanto existan las tempestades en la atmósfera y las pa 
siones en los hombres.  Qué puede ser la historia de los pueblos, 
sino el reflejo de la naturaleza humana? Siempre habrá poderes am¬ 
biciosos que quieran medrar à expensas de los débiles, gobiernos 
cautos y previsores que no sufran el excesivo engrandecimiento 
de sus rivales, pueblos nobles y generosos que se sacrifiquen por 
una idea, por la religion de sus padres, por el honor de la patria 
por la integridad del territorio, por su libertad é independencia. 
Miéntras existan la fe en la ideas y el poder de los hábitos, de las 
costumbres, de la tradicion y de las preocupaciones populares, ha¬ 
brá hombres y pueblos que sientan una tendencia irresistible à 
sujetar el mundo à sus creencias, y otros hombres y otros pueblos 
que se levanten en armas, heridos en su fibra más sensible, para 
conservar lo que constituye su manera de ser, sériamente amena¬ 
zada por las creencias nuevas. 
No es esto negar ni el poder del libre arbitrio, ni la perfectibi¬ 
lidad humana; pero todo acâ en la tierra es limitado, y si al hom¬ 
Max-Planck-Institut fü 
rales y Politicas 
päische Rechtsgeschichte
	        
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