Full text: Redonet López-Dóriga, Luis: Tesis: El trabajo manual en las reglas monásticas

DEL EXCMO. SR. D. LUIS REDONET Y LÖPEZ DÖRIGA 
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Officis, II, XVI; Apud Patr. Lat., LXXXIII, págs. 794-795, y Ope¬ 
ra Ona, ed. Arévalo). Pronto vivieron los anacoretas en 
monasterios, que aparecieron antes que los cenobios, y fué 
el trabajo manual, en sustitución ó complemento de las 
limosnas y de los directos y milagrosos favores celestiales, 
el obligado medio de sustento (non ex eleemosynis sed ex 
labore manuum vixerunt) de aquellos varones que amaron 
la soledad, gozando de las excelencias que siglos más tarde 
habia de cantar como nadie, el Petrarca, en una prosa latina 
no inferior à sus inmortales versos italianos (30) 
Pablo Tebano, el primero de los grandes anacoretas (ha¬ 
cia 230), se alimentaba con el medio pan que diariamente le 
conducia un cuervo y con los dâtiles de la palmera, que ade¬ 
mas le proporcionaba vestido; pero las mismas hojas de pal¬ 
ma le servian para trabajar todos los dias en tarea que vo¬ 
luntariamente se impuso, como si de ella necesitase para 
ganar un jornal; y con gran trabajo tejió quince ulnas; cuan¬ 
do su visitante San Antonio, después de haber mojado unos 
ramos de palmas, le dijo que hiciera con ellos un trenzado, 
de igual modo que él lo hacia (31). Creyó San Pablo que sin 
labor de manos, el monje no puede permanecer en un lugar, 
ni alcanzar la cima de la perfección (Sulpitio & Casiano: De 
Abate Paulo; Apud Ros-Woydi, lib. IV, cap. XL), y por ello 
trabajaba, sin necesitarlo para el sustento, viéndose obliga- 
do à quemar de vez en cuando el fruto de su labor, á fin de 
almacenar lo nuevamente fabricado. San Antonio (250-356). 
que pensaba que un monje en la ciudad es como pez fuera 
del agua (monachus in urbe est velut piscis extra aquam), de¬ 
cia que nadie viviria rectamente si no trabajaba, y nunca 
anduvo él desocupado sino en los momentos en que asi lo 
requeria la prudencia, pues cuando alguien se admiró de 
verle pasear por el desierto, casualmente ocioso al parecer. 
el Santo le ordenó que diese más y más tensión al arco que 
llevaba en la mano, y á la objeción de que el arco se rompe¬ 
ria si se continuaba estiråndole, San Antonio respondió, que 
otro tanto sucederia con la prâctica de las virtudes (entre 
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Real Academia de Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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