Full text: Goicoechea Cosculluela, Antonio: ¬El problema de las limitaciones de la soberanía en el derecho público contemporáneo

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de la concepción inglesa de la Prerrogativa, tal como la esta¬ 
bleciera el Bill of Rights de 1689, conservando al Rey con el 
poder ejecutivo y el confederativo, el indeterminado con¬ 
junto de facultades no reivindicadas ni ejercidas por las Cᬠ
maras (32). 
Cuando Rousseau contrapone la fuerza a la voluntad 
y el Poder Legislativo al Ejecutivo, encomendando al Go¬ 
bierno el papel de «cuerpo intermediario entre los sûbditos 
y el soberano para su mutua comunicación», es evidente 
que tiene presente en la imaginación la misma dualidad del 
rex y el regnum que sirviera en el siglo XIV a Marsilio de Pa¬ 
dua para distinguir la legislación de la ejecución (33). 
Observaciones semejantes son aplicables al propio Mon¬ 
tesquieu. El autor del «Espiritu de las Leyes», después de dis¬ 
tribuir los poderes del Estado en la forma antes enunciada, 
elimina de la clasificación el poder judicial, estimándolo 
nulo y deja frente a frente, el Poder Legislativo y el Ejecu¬ 
tivo; la voluntad general y la ejecución de esa voluntad; el 
pueblo y el Monarca (34). Hasta en la Constitución norte¬ 
americana, es dable advertir, aunque naturalmente en menor 
grado, la influencia del mismo principio dualista, base de la 
británica que le sirvió de modelo. «Creó — dice Bryce— un 
magistrado ejecutivo, el Presidente, sobre el tipo del Gober¬ 
nador del Estado y del Rey de la Gran Bretana. Creó una 
(32) Claro es que no es aplicable la observación a los que, como Hobbes, re¬ 
pugnan la división del poder como una doctrina disolvente y revolucionaria: ni 
siquiera a los que, como Pufendorf, consideran las partes polenciales, como medios 
para la realización de los fines del poder unico 
(33) «El poder legislativo pertenece exclusivamente al pueblo. Llamo Gobierno 
al ejercicio legitimo del Poder ejecutivo y Principe o Magistrado a la persona o cuer¬ 
po encargados de esta administración.» Rousseau, El Pacto social, págs. 82 y 83 
(34) «Des trois puissances dont nous avons parlé celle de juger est en quelque 
facon nulle. Il n'en reste que deux...» Ob. cit., pág. 133. Duguit afirma que es ésta 
tuna de las fórmulas sibilinas frecuentes en el Espiritu de las Leyes». La 
explicación de la inconsecuencia no puede darla más que la necesidad de 
persistir en la concepción dualista del poder. Montesquieu se limita a afirmar como 
necesaria garantia de la libertad la inamovilidad de la Magistratura, y admite, 
en definitiva, sólo dos poderes: el legislativo, «confiado al cuerpo de nobles y al cuer¬ 
po elegido para representar al pueblo», y el ejecutivo, que «debe estar entre las ma¬ 
nos de un Monarca». El uno representa dla voluntad general del Estado»: el otro, 
vla ejecución de esa voluntad general». 
Max-Planck-Institut für 
Real Academia de Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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