Full text: Arnáiz Calvo, Marcelino: ¬El espíritu matemático de la filosofía moderna

CAUSAS DEL MATEMATISMO 
son acaso nociones más claras e inteligibles que las cualidades per¬ 
cibidas inmediatamente en la experiencia? Pero si no màs inteligi¬ 
bles, son desde luego más faciles y cómodas, y más adaptables a 
nuestra estructura psicológica (1). 
Tal es la génesis psicológica del matematismo como sintesis o 
interpretación universal de la naturaleza. La ciencia consistira en 
valuar cuantitativamente las cosas, en traducir la sucesión de los fe¬ 
nómenos en funciones de la matemâtica: la mecánica tratarà de ex¬ 
presar las leyes del movimiento por medio de conceptos estaticos e 
inmóviles; la quimica y la fisica traducirán en funciones numéricas o 
analiticas la composición atómica y las formas y energias especificas 
de la materia bruta; la biologia y aun la sociologia se estorzaran por 
reducir los fenómenos de la vida, las relaciones del viviente con el 
medio fisico y social, a ecuaciones algebraicas. Habituado asi el es¬ 
piritu a la reducción matemática, a buscar la explicación en el sedi¬ 
(1) «La concepción puramente aritmética de la ciencia del mundo ex¬ 
terior me parece ofrecer por lo menos una ventaja, la de ser dificil el en- 
gano en ella; nadie llegará a persuadirse de que el mundo exterior no sea 
otra cosa que una serie de operaciones de aritmética. Parece en cambio 
existir el placer de ser enganado en una concepción corriente intermedia, 
en la concepción mecánica. Se repite en ella que nuestras sensaciones no 
existen más que en nosotros, que no es necesario, como lo hacemos, Ilenar 
con ellas el universo, donde no hay colores, ni ruidos, etc., donde sólo hay 
movimientos; el movimiento se dice es la ûnica realidad exterior y lo expli¬ 
ca todo, complaciéndose en imaginar puntos diminutos que circulan en el 
espacio y se mueven al rededor unos de otros. Los servicios que ha presta- 
do y prestará aun esta concepción son evidentes, y no es cuestión de pri¬ 
varse de ellos; como tampoco ningûn sabio, por persuadido que esté de la 
subjetividad de sus sensaciones, se hallará dispuesto a suprimirlas vaciän¬ 
dose los ojos o taponándose los oidos; pero en si misma considerada, no 
veo que esta concepción sea tan inteligible, ni se gane gran cosa en conser¬ 
varla, para no atribuir realidad objetiva más que a esta ûltima y vaga intui¬ 
ción del movimiento. Si se quiere que no haya fuerà de nosotros ni azul ni 
rojo, sporqué pretender que haya movimiento? (El movimiento de qué? De 
la materia? Pero yo no puedo imaginar la materia mâs que con propiedades; 
si no hay propiedades en la materia, esta no se distingue de la pura exten¬ 
sión, y la misma extensión se desvanece en cuanto trato de abolir el recuer¬ 
do de mis sensaciones, de estas sensaciones de luz y de tacto de las que es 
inseparable» J. Tannery, Science et philosophie, p. 37. 
Max-Planck-Institut für 
Real Academia de Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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