Full text: Pérez Serrano, Nicolás: ¬El poder constituyente

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afirmarse de una Constitución. Pero lo cierto es que resul¬ 
ta mas profundamente creador, fundador y orgánico un Có¬ 
digo civil que una Constitución politica. «Será acaso más 
facil revolucionar la vida politica de un pais que cambiar la 
fisonomia de su familia, de su propiedad, de su contratación, 
de su régimen hereditario? 3O es que, por ventura, lo entra¬ 
nablemente constitucional, lo intimamente consubstanciado 
con el alma de la nación radica en esas instituciones y no en 
el veto presidencial, el bicameralismo o el sufragio directo e 
igualitario? Y el nûmero de preguntas seria interminable, 
porque en seguida cabria interrogar: « Pero no serà entonces 
necesario llevar esas cuestiones a la Constitución? Aun cuan¬ 
do dado el marco enjuto que éstas deben tener, :no se des¬ 
bordaria entonces el área de lo permitido? (33). O, en otro 
aspecto, jes que no hemos acertado todavia con el procedi¬ 
miento adecuado para elaborar los Códigos politicos, desde¬ 
nando incluso la experiencia obtenida en las codificaciones 
privadas? (34). 
(33) Si las Constituciones deben ser como el galgo, o sea piel y 
huesos, en frase de don José ORTEGA Y GASSET, ;a qué llenarlas de te¬ 
jido adiposo? Incrustar como fundamentales los que son temas de oca¬ 
sion parèce improcedente, porque otorga categoria a lo que carece de 
ella, confunde la auténtica decisión constitucional con las meras leves 
o preceptos constitucionales (en fórmula de SCHMITT), dificulta la refor- 
ma de lo intranscendente y subalterno y borra la jerarquia de las reglas. 
La moderna Constitución cubana se preocupa incluso de fijar el sueldo 
de los maestros de escuela (?). jQué valor, de positiva enjundia nacio¬ 
nal, pueden tener preceptos semejantes? 
(34) "Las Constituciones modernas no son, como suelen serlo hoy 
los mejores textos de nuestro Derecho privado, una obra sistemática de 
jurisconsultos. A veces fueron el resultado de especulaciones teóricas, 
pero mucho menos de lo que generalmente se cree, y, en todo caso, nunça 
fueron resultado exclusivo de ellas. Aun en el siglo de los filósofos, y en 
cuanto a su contenido, fueron por más de un concepto obra del tiempo 
y de las circunstancias. Apenas son hoy otra cosa. Pero son las grandes 
pâginas en la vida de las naciones . Asi nos dice BORGEAUD en el Avant¬ 
propos de su libro, todavia joven y ya citado, Établissement et révision 
des Constitutions en Amérique et en Europe. Muchas reflexiones sugiere 
el párrafo. Una de ellas seria el influjo (probablemente nada feliz) que 
los teoricos, sobre todo los profesores, han tenido después, en la etapa 
del neoconstitucionalismo, subsiguiente a la primera gran guerra: recor- 
demos los casos de PREUSS en Alemania, PILOTY en Baviera, KELSEN en 
Austria; por no citar ejemplos de otra indole, como el de WILSON en 
Norteamérica o el de BARTHÉLEMY en Francia. Pero más nos interesa 
subrayar el contraste entre la codificación civil y la politica. El BGB. fue 
objeto de anteproyectos y proyectos, de discusión técnica, profesional y 
parlamentaria, de animado debate durante anos, y nació luego con am¬ 
plia vacatio legis; la Constitución de Weimar se tramitó con muchas menos 
Max-Planck-Institut für 
Real Academia de Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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