Full text: Minguijón Adrián, Salvador: ¬Los intelectuales ante la ciencia y la sociedad

no, las causas retroceden hasta una región abstracta, donde 
la filosofia no habia ido a buscarlas desde hace mil ocho¬ 
cientos anos. Entonces aparece la enfermedad del siglo, 
la inquietud de Werther y de Fausto, en todo semejante 
a la que, en un momento parecido, agitó a los hombres hace 
diez y ocho siglos; quiero decir el descontento del pre¬ 
sente, el vago deseo de una belleza superior y de una feli¬ 
cidad ideal, la dolorosa aspiración hacia el infinito. 
Hablando de Byron en la misma obra, Taine vuelve a 
referirse a la enfermedad del siglo. Ved cómo se expresa: 
«Asi vivió y acabó este desgraciado grande hombre [By¬ 
ron]: la enfermeda del siglo no ha tenido presa más ilus¬ 
tre. En su derredor, como una hecatombe, yacen los otros, 
heridos por la grandeza de sus facultades y la intempe¬ 
rancia de sus deseos, unos extinguidos en el estupor y la 
embriaguez, otros usados por el placer o el trabajo, éstos 
precipitados en la locura o el suicidio ; aquéllos abatidos 
en la impotencia o yacentes en la enfermedad, to¬ 
dos sacudidos, exasperados, doloridos; los más fuertes, 
arrastrando su llaga sangrante hasta la vejez; los mas di¬ 
chosos, habiendo sufrido tanto como los otros y conservan¬ 
do sus cicatrices, aunque curados. El concierto de sus la¬ 
mentaciones ha llenado todo el siglo y nosotros nos hemos 
mantenido en derredor de ellos, escuchando nuestro cora¬ 
zón, que repetia en voz baja sus gritos. Estábamos tristes, 
como ellos, y como ellos propensos a la rebeldia. La de¬ 
mocracia instituida excitaba nuestras ambiciones sin satis¬ 
facerlas; la filosofia proclamada encendia nuestras curio¬ 
sidades sin contentarlas.» 
Y la lamentación sigue. Pero Taine ve un remedio, no 
para el tiempo en que escribe, sino para los que vendran 
después. Nuestra generación, como las precedentes, dice, 
ha sido atacada por la enfermedad del siglo y no se let an¬ 
tarà mas que a medias. Llegaremos a la verdad, no a la 
calma. Todo lo que podemos curar en este momento es nues¬ 
tra inteligencia, no tenemos poder sobre nuestros senti¬ 
mientos. Pero tenemos el derecho de concebir para otros 
las esperanzas que no tenemos ya para nosotros mismos, y 
de preparar a nuestros descendientes una felicidad de que 
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Max-Planck-Institut für 
SMC 
uropäische Rechtsgeschichte
	        
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