Full text: Minguijón Adrián, Salvador: ¬Los intelectuales ante la ciencia y la sociedad

salido del tunel a la luz del resurgimiento, cuando va frente al 
Espiritualismo que vuelve, al Finalismo que va recobrando su 
trono, y al Metafisicismo que se filtra implacable hasta a tra¬ 
vés de las ciencias fisicas, biologicas y matemáticas, cuando exhibe 
las cicatrices que en la civilización occidental dejaron los siste¬ 
mas muertos y las heridas que aun sangran en ella, y denuncia 
los punales que las están abriendo, su pluma ya vuela libre y 
canta como la alondra y refulge como una espada. En esas p⬠
ginas hay más obra personal, frases más lapidarias, pensamientos 
más certeros y densos, estilo mas flameante y aunque siempre 
sobrio, más cálido y más espléndido de imâgenes. 
Dos defectos encuentro en el discurso que mi ilustre compane¬ 
ro me permitirá senalar; uno es la oscuridad, otro la excesiva 
citación de autores. 
Es algo oscuro, y a los no enterados ha de serles dificil la 
comprensión y el hallar el hilo conductor de su discurso, que 
lo tiene, como acabo de demostrar. Hasta la página 74 no se ve cla¬ 
ro a dónde va. No es una tesis clara, demostrada con pruebas 
claras y metódicamente jerarquizadas. Pero es una obra sinte¬ 
tica, y reconozco que su sintesis no está hecha de afirmaciones ni 
de frases lucientes, pero retóricas y huecas. Tiene la obsesion de 
demostrar, y más que de palabras se sirve de ideas. Reconozco¬ 
igualmente que toda sintesis, para los espiritus cautelosos y ra¬ 
zonadores, deja muchas cosas en la sombra. Y en la exposicion 
de altos sistemas filosóficos y sociológicos, y en la critica de teo¬ 
rias cientifico-filosóficas, como la de la entropia, la del cuantis¬ 
mo o la de la relatividad de Einsttein, no puede esperarse, lo 
reconozco, la diafanidad de la divulgación de una teoria corrien¬ 
te y trillada o la amenidad de un cuento. 
Sus citas excesivas es defecto menos disculpable. Aunque selec¬ 
tas y de grandes pensadores, cortan muchas veces su pensamien¬ 
to personal, como disgresiones que roban claridad metódica a su 
estudio. «Le quemaria su fichero-he oido decir a alguno de sus 
admiradores— ;Por qué hace decir a otros lo que él sabe decir con 
estilo más elegante, vigoroso y denso?» Conociendo su recia per¬ 
sonalidad, tengo que reconocer, sin embargo, que esa mania ci¬ 
tatoria no significa servidumbre al pensamiento ajeno, sino afan 
modesto de que otros pensadores, con frecuencia adversarios su¬ 
yos, presenten y autoricen los frutos—que él cree pobres-de su 
ingenio. 
En otra ocasión confesaba yo «que mi espiritu era un poco ana¬ 
litico, que no era un forjador de sintesis, de esos que recorren 
raudos los espacios de la inteligencia, porue hacen su camino 
134 — 
Max-Planck-Institut für 
as Morales y Politica 
päische Rechtsgeschicht
	        
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