Full text: Minguijón Adrián, Salvador: ¬Los intelectuales ante la ciencia y la sociedad

cerlo; no te distraigas con la quimera de que este libro ha sido 
dictado por alguna contrariédad, o el disgusto, o la inquietud, a 
les sentimientos heridos, o una sensihilidad exagerada, o alguna 
otra flaqueza. No te encierres en los prejuicios de tu vida pasada. 
No decidas que es verdadero lo que tû prefieres que sea, y no 
sacrifiques la verdad al idolo de tus deseos. El tiempo es corto; 
la eternidad, larga. 
Es uno de los grandes maestros del tradicionalismo, y a su 
orientación y defensa ha dedicado, además de gran parte de sus 
articulos de periodista y de escarceos por la politica en su obra 
juridica, tracts, hojas de divulgación, nutridas de hechos y de 
ideas, su famoso folleto La crisis del Tradicionalismo, de que ya 
queda hecha mención, su libro Al servicio de la tradición, y su 
notable y altivamente sincero Prólogo que puso al tomo XV de las 
obras de Mella, y en el que está, a mi juicio, el resumen denso 
de las novedades que con escándalo de unos y alborozo de otros 
habia traido a las corrientes ideológicas tradicionalistas. 
La tradicion no es para él un momento de la historia. «No es 
un punto, sino una linea—decia en una de sus conferencias de 
Cataluna—. No es una cosa extâtica, una cosa fija, es una corriente 
que marcha por un cauce, y nosotros no tratamos de hacer que las 
aguas vuelvan hacia atrás; queremos seguir hacia adelante, pero 
por el mismo cauce que antes seguimos, para que la corriente no 
se desborde y no inunde los campos, arrasando aquello que los 
siglos trazaron.» 
«Sin la tradición—dice en su libro Al servicio de la Tradicián— 
seria imposible el progreso. La humanidad no avanzaria si cada 
generación hiciera tabla rasa del pasado y pretendiera empezan 
de nuevo el trabajo social. Se progresa acumulando, capitalizan¬ 
do, enriqueciendo con nuevas adquisiciones lo que nos han dejado 
los que antes que nosotros trabajaron y lucharon. Asi se realiza 
la frase de Pascal: «Toda la sucesión de los hombres durante la 
larga serie de los siglos debe ser considerada como un sólo hom¬ 
bre que subsiste siempre y que aprende de continuo.» 
»Siendo la ley del Tradicionalismo la estabilidad de la exis¬ 
tencia, no puede menos de constituir una fuente de energias mora¬ 
les y de sentimientos puros. La afección se crea con la permanencia 
y el arraigo: el alma se encarina con las cosas que duran. 
»La inestabilidad es despego, descastamiento y salvajismo. Toda 
sociedad que en ella se basa, liquida pronto sus riquezas senti¬ 
mentales y sus valores morales; es banal y cascabelera, utilitaria 
y ruin; no tiene caracteres. El hombre ha de arraigar en un rincón 
del suelo y se ha de adherir a un grupo humano. Ha de mirar 
125— 
Max-Planck-Institut für 
Academia de Ciencias Morales y Politicas 
uropäische Rechtsgeschichte
	        
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