Full text: Minguijón Adrián, Salvador: ¬Los intelectuales ante la ciencia y la sociedad

toma su savia de sentimientos, de tradiciones y de fuerzas mo¬ 
rales. «No es lo mismodice—el billete que se cambia en cualquier 
tienda 6 el valor que se Ilevâ en la cartera, que la tierra donde 
se alza el arbol que nuestros padres plantaron, y donde brotaron 
las florés testigos de nuestras alegrias infantiles o que la casa 
solariega donde parecè vagar todavia la santa figura maternal 
que juntó nuestras manos para la plegaria; y cuyos muros reco¬ 
gieron el eeo de la postrera bendición del padre.» Se ve su pre¬ 
ocupación por los remansos bienhechores de la vida donde se 
crean las fuentes calladas y fecundas de la civilización frente a 
los aturdimientos de la vida moderna 
Llevado por esa estimación de los sentimientos y de las altas 
delectaciones, ha visto en la espiritualización del goce, en las 
emociones de la ciencia, del arte y de la religión, el cambio pro¬ 
fundo que la sociedad necesita; ha liamado la atención sobre las 
inefables felicidades de que nos dan testimonio los fenômenos 
misticos, y no ha vacilado en ensalzar la bondad compasiva con 
los seres inferiores relacionandola con el sentimientô religioso. 
Protestaba en un articulo de que cuando se quiere lanzar sobre 
un hombre ei mas grave de los insuitos se le llame animal. «;Por 
qué ofender de este modo—decia-a los pobres serès leales, amo¬ 
rosos, que nos ayudan en nuestros trabajos y nos acompanan con 
su mirada ingenua y bonachona, comparandolos con los hombres 
que no saben sostener la dignidad de su especie?» A su juicio, no 
tenemos a elio derecho nosotros, los hombres que, sâbiendo que 
somos animales racionalés, con aiguna frecuencia tiramos por la 
borda el adjétivo y aun rebajamos mucho del sustantivo. 
Quien asi pensaba tenia ya un gran trecho andado para en¬ 
trar en la ruta de los reformadores sociales, ruta un poco tor¬ 
mentosa, pero noble y oreada por la refrescante brisa de la fra¬ 
ternidad cristiana. 
EL PO¬ 
La politica fué uno de los temas más constantes de 
LITIGO sus trabajos periodisticos. No es que sintiera la ambi¬ 
ción de escalar posiciones de gobernante. Era hombre de pensa¬ 
miento, no de acción. No sé si le gusta mucho que le manden, 
pero estoy seguro de que él no aspirâ a mandar à nadie. Un 
dia se encontró nombrado concejal del Ayuntâmiento de Zara¬ 
a en los tiempos dé la Dictadura, y à las cuarenta y ocho ho¬ 
ya habia dimitido. Otro dia léyô en un périodico que su par¬ 
do habia tomado él acuerdo de nombrarie su jefe en Aragon, 
in e acto escribio al perodico una carta, en la que deta que 
antes de aceptar el cargo emigraria. 
— S 
— 121 - 
Max-Planck-Institut für 
Politicas 
uropäische Rechtsgeschic
	        
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