Full text: García Valdecasas García Valdecasas, Alfonso: ¬Las creencias sociales y el derecho

TRADICIONALISMO Y RAZÖN. 
La Revolución francesa, que habia pretendido ser el triunfo de la 
razon, fué el triunfo del terror; un vencedor que se devoró a si mis¬ 
mo. El horror de la inhumana abstracción revolucionaria espoleó el 
pensamiento europeo —ya en parte alerta—, por la via de la reflexión 
cientifica, sobre la realidad histórico-social. Por toda Europa hay un 
brotar de doctrinas y escuelas que aportarán grandes hallazgos para 
la ciencia de la sociedad y de la Historia. El factor comûn de todas 
ellas será la critica de la Revolución. La primera de ellas, la genial 
obra de Burke Reflexiones sobre la Revolución de Francia, se publi¬ 
ca en 1790. Casi coetánea, la obra del gran Hervás y Panduro Causas 
de la Revolución francesa en 1789..., que, falta de permiso, no pudo 
imprimirse en 1794, lo fué —clandestinamente— en 1803. 
En Francia, un pensador poderoso, Bonald, dará impulso a la for¬ 
macion de una escuela, que, con el tiempo, se llamará tradicionalista 
y que encontrarà un propagador elocuente y brillante en De Maistre. 
Paralelamente, en Alemania surgirá la escuela histórica y la reacción 
de los romanticos. En pugna también con la doctrina revolucionaria, 
se abrirà camino la visión de los doctrinarios, que en Espana entron¬ 
can remotamente con la noble figura de un Jovellanos y desembocan 
en la realización politica de un Cánovas. 
Otras muchas tendencias y corrientes podriamos recordar, pero no 
se trata ahora de ello. De todos los problemas que en su lucha con 
la revolucion estas corrientes abordan —la noción de naturaleza, de 
sociedad, de individuo, de legitimidad, etc.—, el que se planteó más 
agudamente fué el de las relaciones entre razón y tradición. La re¬ 
volución, como sabemos, habia desautorizado toda tradición en nom¬ 
bre de una —supuesta— razón. Todas las corrientes citadas vuelven 
por los fueros de la tradición, cada una, claro es, con su propio matiz. 
El llamado en sentido estricto "tradicionalismo filosófico" (con expre¬ 
sión bastante impropia) tomó la posición más antitética y más tajante 
de todas: desautorizar la razón en nombre de la tradición. 
El "tradicionalismo filosófico" negó a la razón discernimiento y 
capacidad para juzgar la tradición recibida, que, por serlo, considera 
expresión legitima de la verdadera esencia y fin de la comunidad. 
Todo saber tiene su origen en una Revelación primitiva. Sólo la tra¬ 
dición de la Iglesia nos puede dar la verdad. La razón individual no 
Max-Planck-Institut für 
Real A 
mia de Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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