Full text: García Valdecasas García Valdecasas, Alfonso: ¬Las creencias sociales y el derecho

En la costumbre se responde automáticamente, sin el esfuerzo origi¬ 
nario a que obligó la situación primera. Por eso lo que se hace por 
costumbre acaba por hacerse sin saber por qué. Por eso también la 
costumbre, igual que la rutina en el trabajo, desembaraza la inteligen¬ 
cia, permitiéndole vacar a nuevos problemas y situaciones que, por 
nuevos, exigen un esfuerzo originario para hallarles solución. 
Finalmente, la costumbre, que es lo que se hace, nos permite con¬ 
tar con el comportamiento de los demás. Nos dice cómo tenemos 
que comportarnos y cómo se comportarán los otros. Si alguien falta 
a lo que es costumbre en el trato social, nos chocarâ, y normalmente 
reaccionaremos contra lo que estimamos una infraccioón de lo estable¬ 
cido. Ese es el aspecto coactivo, la fuerza impositiva que la costumbre 
encierra. 
Lo esencial de la costumbre es la acumulación de la experiencia 
del pasado. Es como el precipitado inerte de lo que fué experiencia 
viva. Y la inercia es su riesgo. Una ultima alerta ha de haber frente 
a la ciega costumbre. Pues pudiendo cambiar radicalmente las cir¬ 
cunstancias fisicas o históricas de la sociedad, la costumbre puede re¬ 
sultar inadecuada y aun perniciosa ante la nueva situación. La cos¬ 
tumbre juega en las sociedades humanas un papel en parte análogo al 
que juega el instinto en las especies animales. Aunque la costumbre 
Ilegara a la pretendida "perfección" del instinto, no se libraria de 
aquel riesgo. Por la simple razón de que también el instinto lo corre. 
Recuérdese la cadena de procesionarias del pino en la que Fabre lo¬ 
gró unir cabeza y cola y que repetian indefinidamente su estéril ca¬ 
minar en circulo cerrado. El instinto es una respuesta estereotipada, y 
por ello perfecta, de la especie animal al reto del medio en que se 
mueve. El instinto es infalible..., si, salvo un cambio brusco, inusita¬ 
do, del medio en que el instinto se formó (12). Pero el ser humano 
es el animal que a diferencia de los demás adapta el medio a sus fines. 
Ya por eso el instinto no puede tener en la vida humana el puesto 
que tiene en la vida animal. Y por eso tambien las costumbres están 
sujetas a un proceso, aunque de ritmo lento, de inevitable transforma¬ 
ción. 
La costumbre ante una situación dada exime de tenerse que abrir 
un camino. La costumbre da ya trazado el camino, el cauce de la con¬ 
ducta. Lo que empezó a hacerse como invención y siguió haciéndose 
por imitación del ejemplo individual, acaba haciéndose porque lo 
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Max-Planck-Institut für 
Real Ac 
lemia d 
e Ciencias Morales y Politicas 
europäische Rechtsgeschichte
	        
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